DISTANCIA –
11/06/2026
Se podría
llamar distancia psíquica al grado de distancia emocional que se mantiene en
relación con los acontecimientos, con una persona, un bien o un grupo de
personas. Es una distancia interior, análoga pero diferente de la distancia
física. Se puede estar cerca de un objeto, pero mantener la distancia psíquica
de él.
Es necesario
pensar de manera práctica y concreta para que lo que se haga sea bien hecho.
Pero, al mismo tiempo, eso debe ir acompañado de un pensamiento elevado, ya que
todo lo práctico, visto en profundidad, se relaciona con problemas generales de
orden universal, que tienen una belleza propia incomparable.
Un ejemplo de
eso fue fray Antonio Galván en cuya lápida mortuoria está escrito el epitafio:
Conservando siempre el alma en sus manos, adormeció plácidamente en el Señor.
Hay que abordar
las cosas de la vida cotidiana, pero con la majestad con la que un gran
acorazado atraca en un muelle, no como lo hace cualquier lanchilla. Un gran
acorazado se mueve lenta y dignamente al aproximarse al puerto y así debemos
acercarnos a la realidad. Sin prisas ni frenesí. La sabiduría prescribe que lo
que hay que hacer se haga sin excitación, con distancia psíquica, es decir, en
un ambiente calmo, recogido y tranquilo, en el que sea posible pensar antes de
actuar.
Desde el punto
de vista católico, cada vez que se profundiza algún tema, no se encuentra un
precipicio, sino el Cielo. En el fondo de cada perspectiva hay una estrella, no
un abismo, una serpiente o un dragón. Es cuestión de saber profundizar bien.
Hay momentos en
que toda sensación de peligro se aleja, el hombre se distiende completamente y
en esa distensión las cosas vuelven a su verdadera jerarquía. Es propiamente lo
que se llamaría un remanso. Al contrario, en la actividad febricitante eso no sucede.
Un comerciante
puede pasar todo el día trabajando en su establecimiento. Cuando terminan las
actividades laborales, llega a casa por la noche y entra en un ambiente tan
diferente de su local comercial que se ve como que forzado a dejar de pensar en
los negocios. La agitación comercial desaparece, la jerarquía de valores se
restablece y entonces es capaz de tener distancia psíquica. No tiene distancia
psíquica quien no tiene recogimiento, quien no tiene remansos.
El tipo humano de los burgueses plácidos, estables, dignos, prósperos, y de mirada inteligente, que el pincel de Rembrandt nos presenta en el admirable cuadro llamado “Los síndicos del gremio de los pañeros” fueron hombres que, con medios de comunicación todavía inciertos y lentos, extendieron en todas las direcciones la red de sus actividades y lanzaron las bases del comercio moderno. Su obra, sin embargo, fue realizada en la tranquilidad y casi diríamos en el recogimiento.