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ALERTA – 06/06/2026

Como el pueblo está comenzando a despertar ante la invasión islamista, el antipapa comunista que “okupa” ilícitamente el Vaticano y que fue escogido por la masonería meses antes de su elección oficial, llega hoy a España para apoyar la sustitución poblacional, que están promoviendo los dos partidos políticos mayoritarios, tergiversando el mensaje evangélico.

Mientras la Iglesia continuaba su gloriosa y ardua lucha por la conquista del mundo bárbaro, se encontró repentinamente delante de un enemigo tremendo: el islamismo.

Al contrario que la religión cristiana, la religión de Maoma sólo se esparció por la guerra y por las conquistas gracias a los atractivos de su moral, favorable a las pasiones y al fanatismo de sus adeptos. El islamismo se propagó con una rapidez espantosa. Arrancó pronto al cristianismo las naciones de Oriente, que habían sido la cuna del cristianismo. De Ásia pasó a África y avanzó hasta el corazón de Europa. Gracias a la derrota que los francos infringieron a los musulmanes en Poitiers, el año 732, en el plano humano fueron los salvadores de la Iglesia y de la civilización occidental.

Así, en el mismo momento en que la Iglesia convierte a los pueblos bárbaros, en que ella dispone del poder social, es que bajo su dirección se va a construir una sociedad nueva enteramente cristiana, modelada en cierto modo sobre la Iglesia, ella ve elevarse enfrente de esa sociedad una sociedad rival en todos los puntos, que será en su conjunto una inmensa herejía contra la doctrina de la Iglesia y un inmenso poder opuesto a la sociedad política salida de las manos de la Iglesia. Esa fue la sociedad musulmana, que tuvo por fundador a Maoma.

La doctrina de los musulmanes, palabra que quiere decir creyentes, se llama islam, que en árabe significa resignación, porque, según su religión, se debe admitir la doctrina del fatalismo, por la cual “dios” predestina a sus criaturas, unas a la felicidad del paraíso y otras para el suplicio del infierno.

La moral del islamismo es mucho más relajada: el musulmán puede poseer tres o cuatro mujeres, y repudiarlas con el divorcio cuando su capricho o su lujuria lo deseen. Además de eso, el concubinato es permitido.

Sumergido de esta manera el hombre en los placeres de una vida enteramente sensual en esta Tierra, el islamismo le promete un paraíso en que hay bosques, jardines, perfumes, banquetes, mujeres, en fin, todo lo que hay de más refinado en la volupias terrenas. De hecho, el paraíso islámico es una depravación moral apavorante.

Maoma predicaba además de esto la guerra santa, por la cual los musulmanes deben combatir y matar a todos los que no acepten su religión. Dice en su libro, llamado Corán: “Cuando la carnicería haya debilitado a vuestros enemigos, reducir el resto a la esclavitud y aplastarlos con el peso de los tributos”.

Así pues, hay que alertar a todos los patriotas de que por muy disfrazado que vaya el señor Prevost y por mucho que hable de “dios” no es más que un agente de la antiglesia profetizada por la Virgen en Fátima, al servicio de la Revolución, la cual después del protestantismo, la revolución francesa y el comunismo, ahora quiere imponer el tribalismo para acabar con la civilización e instaurar el reino del demonio en el mundo.