REFLEJOS

 

REFLEJOS – 21/09/2026

Dios es la causa final del universo. Siendo Dios el fin de todas las cosas, es normal que todas sean ordenadas hacia Él, lo cual se produce por la ordenación de todos hacia el cumplimiento de la Ley, la salvación de las almas y la exaltación de la Iglesia. Son tan verdaderos, tan claros y tan conocidos estos principios que no hace falta exponerlos más detalladamente.

Un aspecto que quedó un tanto enterrado en el acervo de los conocimientos de la doctrina católica es la consideración de Dios como causa ejemplar del universo.

Dios creo el universo y después dio al hombre la facultad de completar varios aspectos del orden y de la belleza universal por medio de su acción. De manera que, como decía Dante, todas las cosas son hijas de Dios, y las obras del ingenio humano deben ser consideradas las nietas de Dios. Así, Dios al crear el universo, tuvo en vista un admirable plan de armonía y belleza, pero dejó la realización de parte de ese plan encomendada a las luces, al arbitrio, al ingenio humano.

Cuando se habla sobre la sabiduría del Creador, se muestra casi siempre como las cosas están concatenadas de tal forma que ellas no se destruyen, ni chocan unas con las otras, sino que coexisten con armonía y mutuamente se apoyan. Es una visión funcional del universo, totalmente verdadera, pero que muestra apenas un aspecto que nuestra época mecanicista y ultra técnica comprende más fácilmente.

Hay otro aspecto del universo relacionado con Dios en cuanto causa ejemplar, en cuanto Ser increado e infinitamente bello, que se refleja de mil maneras en todos los otros seres que Él creó. De tal manera que no hay ningún ser que a un título u otro no sea un reflejo de la belleza increada de Dios. Sobre todo, la belleza de Dios se refleja en el conjunto jerárquico y armónico de todos esos seres, de tal forma que no hay, en cierto sentido, mejor modo de conocer la belleza infinita e increada de Dios que analizando la belleza finita y creada del universo, considerado no tanto en cada ser, sino en el conjunto de todos ellos.

Dios se refleja aún en una obra prima más alta y más perfecta que el cosmos. Es el Cuerpo Místico de Cristo, la sociedad sobrenatural que veneramos con el nombre de Santa Iglesia Católica Apostólica Romana y que nada tiene que ver con la secta satánica que ocupa actualmente el Vaticano. Constituye Ella misma todo un universo de aspectos armónicos y variados, que cantan y reflejan, cada uno a su modo, la hermosura santa e inefable de Dios y del Verbo Encarnado. En la contemplación del universo, por una parte, y por otra parte de la Santa Iglesia Católica, podemos elevarnos a la consideración de la belleza santa, infinita e increada de Dios.