ELENA

 

ELENA – 18/08/2026

Hoy es la fiesta de Santa Elena, emperatriz, madre de Constantino el Grande y a quien se debe el descubrimiento de la verdadera Cruz. Su importancia no es sólo por el hecho de ser emperatriz, sino también por la influencia que tuvo sobre Constantino, semejante a la de Santa Clotilde sobre Clodoveo.

Constantino, primer emperador, hace una promesa para ver si con el auxilio de Nuestro Señor Jesucristo vence a sus adversarios. Efectivamente, vence y derrumba la estructura del Estado pagano.

A pesar de que hay que hacer muchas objeciones a su vida personal y solo haber dado pruebas de santidad al final, evidentemente no podemos dejar de reconocer que realizó una obra magnífica.

Cuando nos acordamos de Santa Mónica rezando por San Agustín y obteniendo su conversión, de Santa Clotilde inspirando y obteniendo la conversión de Clodoveo, es imposible no suponer que Santa Elena no haya influenciado profundamente a Constantino. Y que la actitud de este no fuese, en gran parte, consecuencia de la influencia que ella ejercía sobre él.

Ahora, nuestra finalidad consiste en luchar por la restauración del orden social católico.

Hay que reconocer, con mucha alegría, el trabajo hecho por ella precisamente para conquistar el imperio, que era pagano y no sólo hacer cesar las persecuciones, sino hacer que el emperador comenzase a edificar un nuevo orden temporal, que, si no llegó a tener la plenitud de catolicidad que tuvo el Estado medieval, fue el primer intento para construir un orden temporal católico. Intento, por varios aspectos, verdaderamente glorioso. No sólo porque el Edicto de Milán daba libertad a la Iglesia, sino porque también mandaba cerrar todos los cultos paganos. Y, realmente, a partir de esa época, llegó un ideal de unidad imperial católica que la Edad Media conservó y del cual surgió, después, la estructura del Sacro Imperio Romano Alemán.

Vemos, por tanto, como Santa Elena estaba en la raíz, por su acción y por su ejemplo, de un mundo de realizaciones gloriosas, de ideas grandiosas, de principios que repercutirían después hasta la caída del Sacro Imperio y hasta nuestros días.

Quien lucha por el ideal del orden temporal católico no puede dejar de tener mucha veneración por Santa Elena y comprender, con su ejemplo, el papel de la oración en esas cosas. Pero no se trata de insinuar que no vale la pena hacer nada porque basta rezar, sino el papel de la oración para mover a la acción que desencadena y realiza su fin. Así es que tenemos a Santa Elena rezando y Constantino luchando con las armas en la mano, con el emblema de Nuestro Señor Jesucristo en el lábaro, para imponer aquello y alcanzar la victoria.

Es muy bonito que esta santa haya sido a la vez madre del primer emperador cristiano y quien encontró la verdadera Cruz, con los inmensos beneficios que fueron esparcidos por toda la Tierra a través esa reliquia. Se comprende su grandeza de alma y lo que es una gran misión. Es el gran tipo de mujer que verdaderamente vive solo para Nuestro Señor. Se comprende también lo que es la altura del verdadero espíritu católico, del espíritu contrarrevolucionario. Son horizontes completamente diferentes al de tanta gente mediocre.