HILDEGARDA – 17/09/2026
Régine Pernoud, en su libro sobre Hildegarda de Bingen, cuenta que en sus visiones el hombre es el centro del universo creado. Dios ha creado todas las cosas no sólo para mostrar lo visible y temporal sino también para manifestar en ellas lo invisible y eterno. Desde el punto de vista médico, alimenticio y medio ambiental nos hace apreciar las virtudes ignoradas de lo que nos rodea. Invita a descubrir los arcanos de un mundo provisto de unas cualidades misteriosas. Hay que cuidar el régimen alimenticio que permite conservar el equilibrio o recuperarlo si se ha perdido. Está muy atenta a todo lo que alegra el corazón del humano. Plantas, frutos, animales, etcétera, poseen una capacidad curativa, un efecto bienhechor oculto y sutil. Es precisamente esa sutileza saludable o dañina la que da valor a cada elemento de la naturaleza y lo que las obras de la abadesa del tiempo de las Cruzadas nos enseñan a distinguir. Por ejemplo, en lo concerniente a la perdida de la visión por edad avanzada aconseja mirar detenidamente los prados pues el verdor de la hierba elimina lo que turba los ojos. Su preocupación es de curar no tanto la enfermedad como al enfermo, con la atención puesta en la idea de que la belleza y la armonía son absolutamente necesarias para el completo y buen desarrollo de las personas.
También un estudio publicado por la revista estadounidense Ciencia y Tecnología Ambiental explica que el ambiente de la naturaleza aumenta la felicidad y mejora la salud mental. El trastorno depresivo es una de las consecuencias de las zonas urbanas. Los grandes espacios abiertos aumentan los sentimientos de vitalidad que generan más energía y ayudan a desarrollar un sistema inmunológico más resistente. Incluso recrear mentalmente esos ambientes al aire libre aumenta los niveles de serotonina mejorando el estado de ánimo y disminuyendo el cansancio. La presencia de plantas en el interior tiene un efecto revitalizante. El contacto con la naturaleza también influye en el carácter y la generosidad. Debido a nuestra conexión innata con los seres vivos es muy importante incorporar elementos naturales en los paisajes urbanos.
Por otra parte, científicos rusos del Instituto Bekhterev de San Petersburgo, en sus investigaciones sobre psiconeurología, descubrieron que la oración regula todos los procesos del organismo humano y por tanto es un medicamento poderosísimo. Participar del rezo del rosario hace que se normalice la presión sanguínea. Las oraciones podrían neutralizar las radiaciones. Se sabe que después de la explosión de Chernóbil, en el área en donde se encuentra la Iglesia de San Miguel Arcángel, a tan sólo 4 kilómetros, el valor de la radiación se mantenía normal. Las frecuencias emitidas por las campanas bendecidas también pueden eliminar los agentes que provocan enfermedades como la gripe, la hepatitis o el tifus. La señal de la cruz es capaz de eliminar los microbios patógenos del agua incluso en ríos y lagos. Es más eficiente que los aparatos de desinfección con radiación magnética.