
PADRONIZACIÓN – 20/10/2026
En los dibujos, el traje típico de una mucama brasileña
y de un finolis de bar, también típico, en la época de los años 50 del siglo
pasado: dos trajes populares entre los cuales se puede establecer una
comparación.
En el traje de la brasileña, nacido de las exigencias
de la vida cotidiana, se reflejan admirablemente la índole, las dotes, el
género de encanto propio de una raza, así como las características de un
determinado lugar y época.

En varias ciudades se generalizó un tipo de finolis de
la periferia, con una indumentaria que es en líneas generales la de la época,
pero con ciertos pormenores peculiares: el pantalón largo estrechándose en los
tobillos, la cintura del pantalón casi a la altura del corazón, chaqueta
excesivamente larga, sombrero de copa baja y alas largas. Si el finolis es
blanco usa el famoso peinado “rabo de pato”. Y si es negro se alisó el pelo con
un alisador de pelo. La mucama es lo que es: con toda razón se siente digna y
feliz. El finolis, negro o blanco, procura aparentar un dinero y una situación
que no posee. El vestido de la mucama es la moldura de una personalidad. El
traje del finolis es la moldura de una personalidad que no tiene.
Es que el traje de la mucama nació de una época en que
la moda no estaba padronizada para todos, y en la que cada cual se sentía bien
como estaba.
El pobre finolis, rubio, moreno o negro, es hijo de
una época en que la moda se estandarizó, y los trajes ya no tienen ninguna
relación con los individuos. De una época en que ya nadie vivía satisfecho con
lo que era, y por esto vivía de imitar. ¿Cuál es la razón del ridículo del
finolis? En último análisis, en estado agudo, el ridículo inherente a toda
imitación.