MECANIZACIÓN

 

MECANIZACIÓN – 18/06/2026

En la importante alocución navideña de 1952 el Santo Padre Pío XII puso en evidencia que el tecnicismo contemporáneo, a la vez de las realizaciones brillantes que ha conseguido, crea también para el hombre problemas complejísimos.

Efectivamente, la máquina, “alma” de casi toda la técnica, tiende a someter enteramente a su ritmo mecánico todo el trabajo humano. El trabajo, y más que el trabajo las diversiones, la vida de familia y toda la existencia. Porque en todos los ámbitos el hombre va utilizando cada vez más ampliamente la máquina, y aceptando adaptarse a ella, para disfrutar las ventajas que proporciona.

Así, la influencia de la máquina tiende a penetrar en las esferas más delicadas y más altas de la vida humana, es decir, tiende a crear un estilo de vida, un modo de concebir los problemas y de resolverlos, una mentalidad en definitiva completamente mecanizada. Hombres estandardizados, con ideas y gustos padronizados inmersos en un estado de espíritu de un tedio sombrío, displicente, pesado, lleno de fatiga, interrumpido sólo por las excitaciones delirantes del cine, de la televisión, la radio, o las hinchadas deportivas.

Conglomerados de hombres en estas condiciones se pueden observar en los trabajadores esperando entrar en una fábrica, público aguardando la apertura de un estadio, masa humana esperando el tren en el andén de una estación, por todas partes las fisonomías son éstas. Infelices multitudes viviendo bajo el yugo sombrío, nivelador, despersonalizante, de la máquina.

Hay enfermedades que van devorando a su víctima tan poco a poco que ni ella lo percibe. Lentamente, se va adaptando a las situaciones nuevas y perdiendo el recuerdo de cómo se sentía cuando gozaba de entera salud. Y por esto, para que el médico consiga que la persona en esas condiciones se medique, es necesario que comience por darle entera consciencia de que su estado es anómalo. Lo cual sólo consigue reavivándole la memoria de lo que era antiguamente y comparándolo con su situación actual. Para esto veamos un aspecto típico del ambiente alsaciano de la acuarela de Kauffmann, en 1919, todavía impregnado de la atmósfera de la vida agrícola tradicional, no mecanizada. Los personajes, en una actitud plácida, distendida, afable, muy característica del campesino, conversan. Con total naturalidad, las personalidades manifiestan su riqueza y diversidad. Nada ahí es padronizado. Muy al contrario, las diferencias de sexo, edad, temperamento, son evidentes. Cada cual es lo que es, nadie tiene preocupación de ser joven antes de tiempo o después. La variedad de trajes se debe a que cada uno es típico de su región o aldea. Cuánta riqueza de alma en esta variedad y cuánto empobrecimiento espiritual en nuestras modas cosmopolitas, en que el mismo corte, la misma forma, los mismos tejidos, casi los mismos colores son impuestos al mundo entero.