NATIVIDAD

 

NATIVIDAD – 08/09/2026

Existieron los Patriarcas, los Profetas, hubo innumerables almas fieles del pueblo elegido, debe haber habido una que otra alma fiel en medio de la gentilidad, hubo sufrimientos a lo largo de los siglos de espera del Mesías. Pero nada de eso fue suficiente para atraer la misericordia divina y hacer llegar el momento de la Redención. Sin embargo, cuando Dios quiso, Él hizo nacer la criatura perfecta que habría de conseguir esto.

La entrada de esta criatura perfecta en el mundo de los vivos es el comienzo de su trayectoria, que atrajo bendiciones, atrajo gracias, produjo santificación. Todas las relaciones de los hombres con Dios se modificaron, y la puerta del Cielo, que estaba trancada, comenzó a filtrar luces y esperanzas de que sería abierta por el Salvador que debería venir. Todo esto se produjo desde el primer momento del nacimiento de María.

Su venida al mundo es la llegada de la única cuyas oraciones tienen el mérito suficiente para acabar con esa espera y conseguir, por fin, lo que no habían conseguido los ruegos y los sufrimientos de toda la humanidad.

El mundo estaba postrado en el paganismo, pero, en el momento decretado por Dios en su misericordia, Él derriba la muralla, comienza la caída del orden diabólico. Cuando menos se podía imaginar, hace nacer a la que vendría a ser la raíz bendita de donde nacería Nuestro Señor.

Ocurre también que su presencia en la Tierra ya era una fuente de gracias para todos los que se le aproximaban en su infancia e incluso antes de nacer. Por eso se puede decir que, a pesar de que fuese una pequeña criatura, ya en su nacimiento comenzaron a brillar gracias enormes para la humanidad, ya ahí el demonio comenzó a ser aplastado, la victoria de la Contrarrevolución comenzó a ser afirmada y el demonio comenzó a percibir que algo en su cetro estaba quebrado y que nunca más se arreglaría. Se comprende la importancia de esta festividad.

Hay alguna relación de esto con la situación del mundo contemporáneo. En nuestra época hay como que una nueva interferencia de la Señora de todos los Pueblos en la historia del mundo, que actúa en las tinieblas del neopaganismo.

El hecho de que la Virgen suscite almas que ya anhelan el Reino de María, que piden la venida del Reino de María, que luchan para que el Reino de María venga, estas almas son, mutatis mutandis, o sea, con las debidas adaptaciones, como era Nuestra Señora en el Antiguo Testamento. Aún no ha venido el triunfo del Inmaculado Corazón de María, pero sí algo que es el prenuncio de ese triunfo y que ya comienza a difundir sus gracias, comienza a suscitar también movimientos entusiastas de adhesión. Esto es como una Natividad que se repite y que prepara el Reino de María profetizado por Ella en Fátima y en Ámsterdam.