EKATERIMBURGO –
21/07/2026
Después de la
revolución rusa de febrero de 1917 el zar Nicolás II, su esposa la zarina Alejandra, y sus cinco
hijos Olga, Tatiana, María, Anastasia y Alekséi, además del séquito que decidió
acompañarlos voluntariamente, fueron encarcelados en el Palacio Alejandro de
Petrogrado, hoy San Petersburgo.
Luego el
gobierno provisional de Kérensky evacuó a la familia imperial a Tobolsk,
supuestamente para protegerlos de la marea creciente de la revolución. Allí
vivían en la mansión del exgobernador con cierta comodidad. Tras la llegada al
poder de los bolcheviques en octubre las condiciones de su encarcelamiento se
hicieron más estrictas, y las conversaciones sobre someter a Nicolás a un
juicio se hicieron frecuentes.
Posteriormente
la familia Romanov fue trasladada a Ekaterimburgo y encarcelada en la Casa
Ipatiev, designada como la “casa del propósito especial”.
Allí la familia
se mantuvo en riguroso aislamiento, tenían prohibido hablar cualquier otro
idioma que no fuera el ruso, no se les permitió el acceso a su equipaje que fue
almacenado en una dependencia del patio, se confiscó su equipo fotográfico, a
los criados se les ordenó llamarles solo por sus nombres, sometidos a registros
regulares de sus pertenencias y les confiscaron su dinero.
La casa estaba
rodeada por una empalizada de 4 metros de altura que la ocultaba de las calles
y después se erigió una segunda empalizada, más alta y larga que la primera,
que encerraba completamente la propiedad. Las ventanas de todas las
habitaciones se cerraron herméticamente y se cubrieron con periódicos. Más
tarde fueron pintadas con cal. La única fuente de ventilación era una pequeña
ventana en el dormitorio de las grandes duquesas, pero estaba terminantemente
prohibido asomarse. Un centinela disparó un tiro a Anastasia cuando se asomó.
El comandante de la guardia y sus ayudantes tenían acceso en cualquier momento
a todas las habitaciones. Los prisioneros debían tocar el timbre cada vez que
deseaban salir para usar el baño en el rellano.
Hacia la
medianoche del 16 de julio de 1918 el comandante de la casa del “propósito
especial” ordenó al médico que los despertara y les ordenara vestirse con el
pretexto de que iban a ser trasladados a un lugar más seguro. Fueron llevados a
un semisótano de 30 metros cuadrados. Unos minutos después llegó un escuadrón
de ejecución de la policía secreta y el comandante leyó en voz alta la orden:
Nikolái Aleksándrovich, en vista de que tus parientes continúan atacando a la
Rusia Soviética, el Comité Ejecutivo de los Urales ha decidido ejecutarte.
Inmediatamente fueron asesinados a tiros y bayonetazos. En ese momento había
300 guardias en la casa.
Sus cuerpos
fueron llevados al bosque, mutilados y arrojados a un pozo, pero como tenía
poca profundidad, posteriormente los sacaron para enterrarlos en el campo.
El lugar del
enterramiento fue descubierto en 1979 pero no se hizo público hasta 1989. Una
vez confirmada la identidad de los restos por análisis forenses se reubicaron
en la catedral de la iglesia ortodoxa de San Petersburgo en 1998.
El presidente
Borís Yeltsin describió los asesinatos como una de las páginas más vergonzosas
de la historia rusa.
Wikipedia