SALA – 25/06/2026
Una sala de
proporciones calculadas con inteligencia, bastante alta y suficientemente ancha
como para dar al mismo tiempo las impresiones armónicamente contrarias de
intimidad y desahogo. En ella caben holgadamente los muebles, los cuadros, la
lámpara, las personas, con espacios con suficiente amplitud para que estas se
muevan despreocupadamente, sin tropezar en alguna cosa o en alguien.
Los muebles no
son lujosos. Sólidos, decentes, cómodos, apacibles a la vista se prestan
también holgadamente al uso humano. Buena mesa espaciosa en la que puede
sentarse una familia numerosa, y sobre la cual pueden acumularse sin problema
los manjares saludables y modestos, servidos en una comida de cumpleaños de una
familia situada entre la pequeña y la mediana burguesía. Sillas bien torneadas,
de líneas amenas, fuertes como para durar indefinidamente. Gran alfombra, sin
lujo y de fabricación comercial, se ve que da cierto calor a la sala.
Las ropas están
en perfecta coherencia con el ambiente. De buen tejido, confortables y con un
corte al cual no le falta una cierta distinción burguesa. La criada, vestida
más modestamente, pero con decencia y confort. Por la ventana, protegida por
persiana y cortina, entra una luz agradable, suficientemente intensa para toda
la sala, aunque graduada para no herir los ojos y para conservar una claridad
serena y cálida en el ambiente.
Los trajes
sumamente recatados dan un aspecto de pureza a esta vida de familia, que
explica a su vez la cordialidad de su convivencia. En una familia en que haya
entrado el gusano roedor de la impureza, las almas no tienen salud ni frescor
para deleitarse en afectos castos como los del hogar. Todos se sienten felices
y distendidos en ese ambiente en que cada uno sabe que es estimado, apoyado y
considerado según merece. Nótese la situación del anciano matrimonio. Lo que la
familia tiene de más afectivo se vuelve hacia ellos. Las dos hijas rodean a la
madre, llenas de respetuoso afecto. La niña se siente feliz y honrada en
ofrecer una bebida al abuelo, bajo la mirada atenta y simpática del hombre de
edad madura. Para la alegría de los niños hay también lugar en esta reunión.
Dos niños conversan risueños, otra niña está siendo cariñosamente servida por
su madre. Más allá otro niño, de índole tranquila, goza en paz su sosiego.
Entretanto la pequeña homenajeada, feliz y grave como una reina bajo su arco de
flores, acaba de saborear un manjar, y su mirada vaga por el comedor, a la vez
despreocupada y atenta. Pero siendo amplio el protagonismo de los niños, no son
ellos los que dominan la sala. Calma,
templanza, amenidad, son las notas dominantes del cuadro.
Si se viese
alguna imagen o una nota sobrenatural trascendente, daría más elevación a este
interior doméstico tan tradicional fruto de la auténtica civilización
cristiana. En suma, ambiente favorable a la salud del alma y del cuerpo, que
dispone admirablemente los espíritus para la virtud sólida, seria, equilibrada
y estable.