ISIDRO –
15/05/2026
Hoy es la
fiesta de San Isidro labrador, canonizado en 1622, muy venerado por los
campesinos y patrono de Madrid.
Nació de padres
pobres, pero católicos y piadosos. Educado en el temor de Dios desde la infancia,
practicó las virtudes con gravedad. Lo propio de los santos no es tener cara de
tontitos, cómo son frecuentemente representados, sino la precocidad y practicar
la virtud varonilmente.
Cuando le llegó
la edad de escoger una profesión, decidió dedicarse a la agricultura, por
parecerle más segura para la salvación de su alma. Las condiciones de la vida
del campo son más propicias para la salvación eterna que las de las ciudades.
Por eso es una monstruosidad pretender con la técnica eliminar a los
campesinos. La tendencia moderna es hacerles ir a vivir en las ciudades,
llevándolos luego en autobuses a trabajar al campo, para que acaben así
adquiriendo todos los vicios de la ciudad. Es decir, la desrruralización de la
vida rural, o la abolición de la condición de vida más propicia para la eterna
salvación.
Trabajó en las
tierras de un gentilhombre sirviéndole con fidelidad, pero nunca abandonó sus
devociones cotidianas.
Fue acusado de
emplear mucho tiempo con sus prácticas piadosas y no dedicar suficiente tiempo
para el trabajo, lo que perjudicaría al patrón. Este, que debía tener la
mentalidad de ciertos sindicalistas agrarios actuales, quedó indignado, pero la
realidad es que Isidro rezaba mucho y por eso producía más. Los ángeles
trabajaban por él. Comprendió entonces lo que el labrador le había dicho: el
tiempo dedicado a Dios nunca es tiempo perdido.
A la hora de
elegir esposa se decidió por María Toribia, poseedora de grandes cualidades
morales e imitadora de sus virtudes.
El Espíritu
Santo le concedió un profundo conocimiento de las verdades de la fe, de manera
que sus conversaciones maravillaban a la gente. Poco leído, no hizo ningún
“curso de alfabetización” que hace de los alfabetizados analfabetos letrados.
Seguro que no sabía leer ni escribir, pero era un hombre meditativo, que
pensaba, que tenía el don de la oración, y por eso, cuando conversaba, los
otros venían a oírle. Ciertamente hablaba como Nuestro Señor, o sea, no daba
pura doctrina, sino que contaba parábolas.
Le fue dado
también el don de hacer milagros que empleó para ayudar a los que eran más
pobres que él y a los propios animales, pero nada tenía que ver con el tipo
humano de la Sociedad Protectora de Animales. La filantropía es la macaqueación
de la caridad cristiana. Hay un modo de hacer bien a los animales llamado
“humanitario”, estúpido, que se queda con pena de matar al bicho, de comer
bicho, lo cual es una deturpación del verdadero espíritu con el que actuaban
los santos. Por ejemplo, si consideramos un león majestuoso rugiendo, es una
imagen magnífica de la cólera de Dios. En caso de que tuviese un percance se le
ayuda a salir adelante por amor al reflejo de ese atributo de Dios. Lo mismo se
amaría a una paloma o a una serpiente, no como si en ellas residiese una
virtud, sino porque son reflejo de una virtud. Nuestro Señor dijo: ser simples
como la paloma y astutos como la serpiente.