BERNARDETTE


BERNARDETTE – 16/04/2026

Hoy celebramos a fiesta litúrgica de Santa Bernardette Soubirous, la vidente de las 18 apariciones de Lourdes, fallecida el 16 de abril de 1879 en la enfermería de la Santa Cruz del convento en Nevers, donde profesó como religiosa y en el cual su cuerpo permanece incorrupto.

En su foto vemos una aldeana vestida con decencia y sensata simplicidad, en la cual se nota una compostura que se hace patente en la mirada serena, firme, profunda, pura y equilibrada hasta el más alto grado. Ella no es burguesa, no quiere ser burguesa, no quiere parecer burguesa ni quiere extinguir la burguesía, pero pocas burguesas, y hasta pocas princesas tienen tanta dignidad y decoro personal.

La vida de cualquier santo es una maravilla única y siempre sorprendente, siempre que su vida sea bien escrita. Así fue la vida de Bernardette.

Nacida en una familia humilde, de padre molinero y madre costurera, no se preocupaba con la opinión del mundo. Parecía pensar: Yo soy así y hago esto porque cumplo mi deber, porque la Santa Iglesia Católica lo manda y si hay a quien no le gusta peor para él porque esto es exactamente así.

Pero su actitud era diferente cuando se trataba de las autoridades legítimas. En estos casos, manifestaba la mayor obediencia y respeto. Porque en eso percibía que hay un principio sobrenatural, y no un factor meramente humano. Con esos factores humanos era indiferente, pero con las cosas de índole religiosa, que vienen de Dios, manifestaba todo el respeto debido.

Ella que humanamente era muy poca cosa, tanto intelectualmente como físicamente, agradecía a Jesús todas las cruces que le enviaba, sus limitaciones, las persecuciones, desprecios, burlas, enfermedades, pobreza, arideces espirituales, etcétera.

Tuvo una gracia incomparable al aparecérsele la Inmaculada indicando dónde tenía que escarbar para que saliese el agua que brota hasta nuestros días operando curaciones milagrosas. Fue, por tanto, a partir de las revelaciones hechas a ella que Nuestra Señora inauguró una serie de maravillas extendiendo su devoción por todo el mundo. Ella, tan limitada, pobre, plebeya, fue el ventanal por donde quiso entrar ese rayo de sol al mundo contemporáneo, ya en su época, tan orgulloso, tan lleno de incredulidad, tan adelantado en el proceso de la Revolución gnóstica e igualitaria. Para todas esas cosas sublimes fue escogida esa persona tan insignificante.

Su vida tuvo varias características importantes, una de ellas era su mirada y su actitud durante las apariciones, que convirtió a innumerables personas. Muchos se convirtieron solamente con verle hacer la señal de la cruz, que aprendió a hacer directamente con Nuestra Señora, modelo supremo de amiga y adoradora de la cruz de Jesucristo. La Señora adquirió un amor al sufrimiento y a la cruz de Cristo, que algo de la unción de Ella se transmitía a la santa cuando se santiguaba. Con esa señal, que tantas veces se hace de un modo banal, sin darle la debida importancia, ella durante toda su vida edificó a quienes le veían persignarse.

En ese episodio se puede ver la grandeza del gesto, y como las virtudes de la Señora de todos los Pueblos se comunican a sus devotos, que inhalan aquello que está en Ella, pues hay una comunicación verdaderamente admirable.