ATASCOS – 22/04/2026
Espiritualmente
los hombres se atascan a veces ante obstáculos enormes, y a veces, es
interesante señalarlo, ante obstáculos minúsculos. Un mero punto de pecado, de
no perseverancia, de falta de correspondencia a la gracia, puede detener toda
la vida espiritual de una persona.
Los atascos en
la vida espiritual tienen todo tipo de variantes. Su naturaleza depende del
obstáculo en el cual el hombre se atasque.
Los voluptuosos
son aquellos que tienen afecto a los deleites sensuales, a otros les gusta la
acción, el movimiento, actuar por actuar. Hay también, naturalmente, otros que
tienen apego a las dos cosas a la vez.
Pero lo que
caracteriza propiamente un atasco es el hecho de negarse a salir del
atolladero. Se puede tener un defecto, y no estar atascado en él. Quien al ser
avisado de un defecto se esfuerza por combatirlo no puede ser considerado
atascado, sino en actitud de abandonarlo.
Atascado es
alguien que tiene un defecto y adquiere con relación a él un apego tal que no
quiere corregirse por mucho que se le diga.
Ese defecto no
tiene que ser necesariamente un pecado mortal. Puede ser un pecado venial,
puede ser un hábito que sea incluso un pecado “venialísimo”. Pero en la medida
en que la persona no quiere renunciar a ese punto, se atasca, y por eso podemos
decir que la vida espiritual es una montaña en cuya pendiente se puede atascar
uno a cualquier altura.
Hay quien se
atasca muy alto. Es el caso de un hermano lego que, después de abandonarlo
todo, se apegó a una cerradura. Era un hombre que estaba a cierta altura de la
vida espiritual, pero se atascó por apego a un objeto. Naturalmente, no había
sido sólo un apego a un determinado objeto, sino también a algo interior a lo
que no quería renunciar.
Cuanto mayor es
la altura alcanzada, tanto menor es la bagatela por la cual se atasca uno. Hay
una especie de enfermedad de las alturas, pues quien a cierta altura no se ha
dejado atascar por miedo a los leones es capaz de parar más arriba por causa de
una mariposa. Hay una especie de vértigo en la vida espiritual, un tremendo
complejo contra el cual es preciso defenderse con muchas precauciones.
Existe una
enfermedad en la que las venas que alimentan el corazón van obstruyéndose y
hacen que una parte del órgano muera, a pesar de que continúa latiendo. Vemos
que la persona está andando, pero de repente tiene un infarto y se para. Se le
ha quedado una parte del corazón como muerta. Los atascos espirituales son
semejantes a las pequeñas obstrucciones que aparecen en el sistema venoso del
corazón.