FISHER –
23/06/2026
Al cardenal
John Fisher, arzobispo de Rochester, Enrique VIII lo mandó decapitar en el
siglo XVI por odio a la fe católica y al primado del Romano Pontífice. Fue
compañero de martirio de Santo Tomás Moro y estaba completamente aislado.
En la Iglesia
de Inglaterra hubo una defección general y uno de los aspectos más pavorosos de
la protestantización de Inglaterra fue precisamente la apatía y la facilidad
con que la masa de los católicos ingleses se pasó al protestantismo. Es decir,
por un simple interés de carácter político, por una simple conveniencia
personal y profesional, cambiaron infamemente de religión. Y esto normalmente,
sin dramas de conciencia ni nada, lo que prueba que toda la estructura
religiosa de Inglaterra estaba podrida. La iglesia inglesa se colocó
cómodamente en manos del poder temporal. Con esto, hizo una especie de pacto
con la indiferencia del mundo, con las ventajas del mundo, un pacto para
aceptar la temporalización y laicización. Tomó una actitud pre revolucionaria,
o sea que estaba completamente infestada del espíritu revolucionario cuando
vino Enrique VIII e hizo el cisma contra el Papa. Y entonces la Iglesia en
Inglaterra, ya preparada por una larga putrefacción anterior, se derrumbó.
La crisis
actual de la sociedad y la apostasía general en la Iglesia provocada por el
modernismo se asemeja a la apostasía de Inglaterra. ¡Cómo estas cosas vienen de
lejos, y cómo son las sucesivas traiciones las que preparan después las grandes
catástrofes! Antes de aparecer la herejía modernista hubo todo un
enmohecimiento del elemento católico, derivado de una actitud de inercia frente
a las posiciones de la Revolución Francesa. Adhesión sin restricciones a las
formas democráticas más impregnadas del espíritu de Rousseau, adhesión a la
separación entre la Iglesia y el Estado, adhesión perezosa y miope a toda la
atmósfera moderna que fue invadiendo la sociedad. Con esto, un estado de
atonía, de indiferencia doctrinal, de simpatía hacia toda especie de errores,
un estado de cosas que después fue conduciendo naturalmente para una
combustibilidad cuando apareció la primera llama del progresismo. Entonces,
vemos hoy la masa de católicos sumergirse también en un cambio de religión, en
virtud de concesiones que se habían preparado hace mucho tiempo. Es la historia
que se repite, son los grandes procesos de atonía y tibieza, de decadencia, de
indiferentismo, que preparan después a toda la masa católica para la apostasía
actual.
Una cosa bonita
es la permanencia de la santidad en los que siguen siendo fieles a la Iglesia,
porque, a pesar de todas estas tristezas, es en la verdadera Iglesia donde
encontramos los mártires y los hombres de admirable carácter, que prefieren
cualquier cosa a ceder ante el adversario, como San Juan Fisher, exponiendo la
propia vida para mantenerse fieles a la verdadera tradición y a la legitimidad
eclesiástica.