ELÍAS – 20/07/2026
El profeta
Elías fundó la primera Orden religiosa de la historia cuyos miembros vivían en
el monte Carmelo, cerca de Jerusalén, con la finalidad principal de propagar el
culto a la que vendría a ser la Madre de Dios.
Puede ser
considerado el príncipe de los profetas, porque tuvo un papel mayor que todos
los demás. Convirtió más gente, actuó más profundamente en el pueblo judío del
que fue un verdadero conductor, salvó a la nación elegida de la ruina y luchó
contra los errores de su tiempo. En un momento en que la nación estaba
completamente deteriorada, la Providencia le escogió para comunicar su espíritu
a una Orden religiosa, y a partir de ella a toda la nación elegida en aquella
situación de hecatombe, concentrando en sí todo el espíritu que Dios quería
conceder a la nación judía para que resurgiera.
Fue el primero
en considerar la devoción a la Señora, simbolizada en la nubecilla que se formó
en lo alto del monte Carmelo, y que se transformó en una nube enorme, dando
origen a una lluvia que salvó al pueblo de Dios de la miseria. La nube es el
símbolo de Ella y el Mesías es simbolizado por la lluvia.
También es
recordado por su espíritu ardiente siendo comparado con el fuego. Este fuego correspondía a la virtud que,
en el universo de las perfecciones divinas, él fue llamado a reflejar de manera
más singular: la santa ira.
Uno de los
reyes del reino de Israel fue Acab, que excedió en iniquidades a todos sus
predecesores. Por instigación de su mujer Jezabel, hija del rey de Sidón, introdujo
en Samaria el culto a Baal y persiguió cruelmente a los profetas del verdadero
Dios. Un día, mandó Dios a Elías ir donde el rey Acab para decirle: “Tan cierto
como el Señor Dios es vivo, no caerá del cielo ni lluvia ni rocío hasta que yo
lo diga”. Se cumplió la predicción, y el pueblo se vio reducido a la más
espantosa miseria. Tres años después el profeta Elías volvió a presentarse
delante del rey Acab, que le reprendió diciendo: “¿No eres tú quien causa la
perturbación de Israel?” Elías respondió: “No soy yo, sino sois vos. Mandad
reunir el pueblo en el monte Carmelo y convocad los sacerdotes de Baal”. A esto
accedió el rey. Elías se dirigió así a la multitud: “¿Hasta cuándo seréis
inconstantes en vuestra religión? Si el Señor es el verdadero Dios, adorarlo,
si fuese Baal seguirlo. Soy aquí el único profeta del Señor, mientras los de
Baal son cuatrocientos cincuenta. Entregadnos víctimas, que serán colocadas
sobre el altar. El Dios que haga bajar fuego del cielo para consumir el holocausto
será reconocido como verdadero”.
Se pusieron
manos a la obra. Primero los sacerdotes de Baal rogaron a su dios durante toda
la mañana, sin conseguirlo. Le tocó la vez a Elías, que erigió un altar, puso
encima la leña con la víctima cortada en trozos y levantó las manos al cielo,
diciendo: “Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, mostrar que sois el único Dios
verdadero, y que soy vuestro siervo”. En ese mismo instante bajó sobre el altar
el fuego del cielo, consumiendo no solamente la leña, sino también la víctima y
hasta las piedras. En vista del prodigio, todo el pueblo gritó lleno de
entusiasmo: “¡El Señor es el verdadero Dios!” Entonces Elías ejecutó a todos
los sacerdotes idólatras.