MISA

 

MISA – 23/05/2024

Como consecuencia de la ruptura de la sucesión apostólica en el cónclave de 1958 se convocó el conciliábulo “Vaticano segundo” para transformar la estructura eclesiástica en la antiglesia.

Así es que la abolición de la Santa Misa y la creación de un nuevo rito próximo a la cena protestante fue uno de los primeros objetivos. El trabajo corrió a cargo de una comisión de herejes modernistas y protestantes dirigida por el masón Bugnini, que aparecen en la foto con el antipapa Montini.  El cambio fue gradual y premeditadamente ambiguo para seguir pareciendo católica.

No se trataba apenas de una cuestión de formas sino de fondo por lo que los cardenales Ottaviani y Bacci advirtieron de un impresionante distanciamiento de la teología católica y el secretario para la Congregación de los ritos, Antonelli, la calificó de caótica y aberrante. Desaparece el sentido sacrificial y propiciatorio, se alteran las oraciones del ofertorio y del canon, queda en duda la presencia real de Nuestro Señor en la sagrada eucaristía, se tiende a la concelebración con el pueblo, a la desacralización, etc. Como decía Lenin, guardad la cáscara, pero vaciarla de contenido.

Daniel profetizó la supresión del sacrificio perenne en el tiempo de la abominación en el lugar santo.

La conclusión inequívoca es que resulta tan ilícito asistir a esa “misa” modernista como a San Hermenegildo recibir la comunión de manos de un obispo arriano. Hijo y heredero al trono del rey visigodo Leovigildo, una vez instruido en la verdadera fe por San Leandro decidió convertirse, lo que le acarreó la persecución de su padre bajo la influencia arriana. Fue hecho prisionero y ejecutado el 13 de abril del año 585 por negarse a recibir la comunión de un obispo herético arriano. Admirable ejemplo para los católicos de nuestra época tentados de, ante el eclipse de la verdadera Iglesia, seguir los ritos, los pseudo sacramentos, comuniones, bodas, bautizos, etc. de la antiglesia.

La misma disyuntiva se produjo en diversas ocasiones a lo largo de la historia, por ejemplo, en los países bajo dominación protestante como Inglaterra y cuyos católicos decadentes optaron masivamente por la iglesia anglicana, o con el clero juramentado de la Revolución Francesa. No era lícito a los ingleses pasarse a la iglesia anglicana como demostró Santo Tomás Moro prefiriendo antes sufrir la pena capital que apostar, ni a los franceses aceptar como válido al clero juramentado revolucionario, ni tampoco lo es ahora asistir a los ritos de la actual antiglesia bergogliana.