TONO

 

TONO – 22/05/2026

En una verdadera democracia debe haber instituciones de tono aristocrático, aseveró Pío XII en 1948.  

Este tono aristocrático constituye desde cierto punto de vista la más alta afirmación de la dignidad humana, la manifestación de lo que en ella hay de profundamente respetable. En este sentido, las instituciones literarias, artísticas, o sociales imbuidas de una nota aristocrática, por el simple hecho de estimular la selección de las verdaderas elites en los diversos campos de la actividad humana, benefician, elevan y dignifican todo el cuerpo social, y constituyen un factor para la dignidad del hombre en cualquier escalón de la jerarquía social en que se encuentre.

El hombre se sienta a la mesa, no sólo para nutrirse, sino para descansar con los suyos en una convivencia despreocupada, amena, placentera. Por eso mismo, los objetos de que se circunda en las comidas deben invitarle al reposo, a la distensión, a la sonrisa propia de una decorosa intimidad.

La foto muestra una sopera del siglo XVIII, en la que quienes tienen sensibilidad artística no dudan en reconocer una auténtica obra maestra destinada a proporcionar al hombre un placer de espíritu cuando la ve en su mesa. Ligereza, distinción, gracia, atestigua la presencia de un tono verdaderamente aristocrático, indicando un alto respeto por las conveniencias espirituales del hombre incluso en el prosaísmo de su existencia cotidiana.

Este alto estándar se difundió en aquella época, como es natural, por todo el cuerpo social, con los correspondientes matices. No era monopolio de los grandes, sino que representaba, por el contrario, un estímulo a que todos en él se inspirasen, guardadas las debidas proporciones. De ahí la belleza de los objetos domésticos de entonces también en los estratos muy modestos de la población.

Efectivamente, si esos objetos eran para el uso de los grandes, expresaban no sólo el tono que éstos sabían comunicar a su existencia, sino también el gusto maravilloso de los artistas y artesanos, todos salidos habitualmente del pueblo, que concebían y ejecutaban estas pequeñas obras primas.