ORNAMENTACIÓN – 08/07/2026
Quiso la Providencia que hubiera en la naturaleza los
materiales bellos y preciosos con los que el ingenio humano, rectamente movido
por un anhelo de belleza y perfección, produce joyas, terciopelos, sedas, todo
en fin lo que sirve para la ornamentación del hombre y de la vida.
Imaginar un orden de cosas, cualquiera que sea la forma
de gobierno, en que todo esto fuera proscrito como malo, sería rechazar dones
preciosos concedidos para la perfección moral de la humanidad.
Por otro lado, Dios dio al hombre la posibilidad de
expresar por gestos, ritos, formas protocolarias, la alta noción que tiene de
su propia nobleza, o de la sublimidad de las funciones de gobierno espiritual o
temporal que a veces se le llama a ejercer. De ahí, además del lujo, la pompa
como elemento natural de la vida de un pueblo culto.
Estos recursos decorativos fueron hechos para adornar la
tradición, el poder legítimo, los valores sociales auténticos, y no para ser el
privilegio de arribistas y nuevos ricos en discotecas, casinos, o suntuosos
hoteles.
Así entendidos, estos elementos decorativos tienen
esencialmente una admirable función cultural, didáctica y práctica, de la mayor
importancia para el bien común.
En el balcón, la Reina y sus hijos se presentan ante los
aplausos de la multitud. Siglos de gusto, finura, poder y riqueza prepararon
pacientemente esas joyas magníficas, esa indumentaria noble, esa perfecta
estilización de actitudes y expresiones fisonómicas.
Es probable que la Reina se encontrase más cómoda en ese
momento en bata y zapatillas haciendo punto, los niños en la piscina o revolcándose
por el césped. Pero ellos comprenden que esas cosas sólo se hacen en
particular.
Cuando la Familia Real aparece en público, simboliza el
origen divino del poder, la grandeza de su nación, el valor de la inteligencia,
del gusto, de la cultura. Las multitudes aplauden. De todo el mundo, vienen
personas deseosas de contemplar esta manifestación de la grandeza inglesa. Y,
al terminar, todos se dispersan diciendo: ¡qué gran institución, qué gran
cultura, qué gran país!