MANDAMIENTOS –
31/03/2026
Dios actúa por
medio de causas segundas. Los demonios atormentan porque Dios dispuso las cosas
de tal manera que ellos hacen eso ex natura propia, como atormentados
que son, pero según el plan de Él y porque Él quiso que así fuese. Ellos,
contra su propia voluntad, ejecutan la voluntad de Dios, atormentándose a sí
mismos indefinidamente.
Se ve la acción
de Dios en las causas segundas y como Él es celoso de usarlas para todos sus
planes de tal manera que raramente interviene de un modo directo y en persona.
Cuando Nuestro
Señor fue apresado Él dijo: “Si Yo quisiera, pediría a mi Padre que mandase
legiones de ángeles para defenderme”. Dando a entender que Él no quería
defenderse y que se entregaba a sus verdugos porque había llegado la hora de la
Redención. Junto a esa enseñanza fundamental, da otra enseñanza que es que, si
Dios quisiese salvarle, no intervendría directamente, sino que mandaría venir a
los ángeles. En Él que hay dos naturalezas, la divina y la humana, podría
determinar una descarga de esplendor y cólera que comparada con ella la peor de
las bombas atómicas sería una brisa ridícula. Pues si quisiese reprimir a esos
canallas mandaría venir a los ángeles. Por ahí se ve, dicho sea de paso, cual
es el papel de los ángeles en el gobierno del universo, así como el de los
hombres debiendo ayudarnos mutuamente para la salvación.
Conviene
recordar que los diez Mandamientos son la propia ley natural, los puntos
fundamentales de todo el orden que debe existir en el mundo. Si el mundo cumple
los diez Mandamientos, tendrá paz y prosperidad. Una prosperidad que no
significará vicio, sino gloria y encaminará al hombre a la sabiduría y a la
nobleza.
Si el mundo
abandona esos Mandamientos, se pueden establecer tratados e instituciones, se
puede jurar la paz y descubrir elementos magníficos de aproximación entre los
hombres como por ejemplo las facilidades de comunicación, se puede hacer lo que
se quiera, pero el mundo terminará precipitándose en la vorágine de todas las
crisis.
San Agustín nos
enseña que el hombre no es capaz de amar al prójimo si no ama a Dios. Si no ama
a Dios, el hombre sólo se ama a sí mismo. Él es capaz de amar al prójimo sólo
cuando lo ama por amor de Dios. Quitad el amor de Dios de la Tierra y habréis
eliminado todos los Mandamientos, quitad los Mandamientos y la vieja y
manoseada expresión latina homo homini lupus se volverá verdadera, el
hombre se transformará en un lobo para el hombre. ¡Es inútil hablar de la ONU,
ni de paz en el mundo donde el hombre es un lobo para el prójimo! El egoísmo y el neopaganismo servirán,
sobre todo, para engendrar las mayores guerras. Por eso entramos en el ciclo
trágico de las guerras mundiales: la Primera, la Segunda y el espectro de la
Tercera, que ronda a nuestro alrededor.