ALZAMIENTO –
18/07/2026
En 1933 las
urnas habían hablado y la mayoría de los españoles había elegido un Gobierno de
centro derecha que pusiera coto a los desmanes de la coalición republicano
socialista. La izquierda, una vez más y como ocurrió en 1931, no aceptaba los
resultados electorales, así que el 4 de octubre de 1934 el Partido Socialista
dio la orden de insurrección a sus militantes que se dirigieron hacia el
Ministerio de Gobernación con la intención de tomarlo por asalto, pero la
esperada colaboración de militares simpatizantes se quedó en una vana ilusión y
el apoyo social en una quimera. En Asturias, los revolucionarios ocuparon
Oviedo y buena parte del Principado, los administradores e ingenieros de las
minas fueron asesinados, decenas de guardias civiles fusilados, de religiosos
martirizados, de civiles liquidados, además de actos de destrucción
generalizada. A pesar de los 1.500 muertos provocados por los revolucionarios
la represión llevada a cabo por el Gobierno fue indulgente. El camino hacia la
guerra civil estaba abonado.
En la primera
mitad de 1936 las izquierdas desataron una persecución religiosa que cometió
miles de atentados con cientos de asesinatos políticos y el incendio o
profanación de más de cuatrocientas iglesias. La gota que colmó el vaso fue el
asesinato con dos tiros en la nuca del líder conservador Calvo Sotelo a manos
de pistoleros del Partido Socialista, la espoleta que activó el glorioso Alzamiento de los españoles
de orden frente al comunismo. En la foto el capitán de la guarnición militar de
Vigo lee el bando con la declaración de guerra. Una admirable epopeya por Dios
y por España cuyo símbolo más elocuente fue la gesta del Alcázar de Toledo.
Durante 70 días
militares alzados a favor del bando nacional se refugiaron en el Alcázar,
entonces Academia de Infantería, Caballería e Intendencia, acompañados de sus
familias, sumando 1.800 personas en total, y resistieron heroicamente el asedio
de 8.000 milicianos comunistas del Frente Popular. El coronel Moscardó recibió
una llamada telefónica en la que se le conminaba a rendir la fortaleza
inmediatamente o su hijo sería asesinado, pero la respuesta fue tajante: el
Alcázar no se rinde. Los rojos dispararon 11.500 proyectiles de artillería y
mortero, efectuaron 30 ataques de aviación lanzando 500 bombas, arrojaron 35
latas incendiarias de gasolina que provocaron 10 incendios, 200 cócteles
molotov, 1.500 granadas de mano, 2.000 cartuchos de dinamita y los milicianos
realizaron ocho asaltos generales, pero se estrellaron con la resistencia
heroica de los defensores sitiados hasta que el 27 de septiembre, con la
llegada de la Legión al mando del general Varela, el Alcázar fue liberado.
Cuando Varela entró en las ruinas Moscardó le informó diciendo: ¡Sin novedad en
el Alcázar, mi general! El episodio se convirtió en un símbolo de la lucha
victoriosa contra el comunismo.
revistadehistoria.es