DESIGNIOS – 24/04/2026
La mística Sor Natalia Magdolna, en su libro La
Victoriosa Reina del Mundo, cuenta los designios de Nuestro Señor sobre
el futuro del mundo según revelación recibida durante la Segunda Guerra Mundial.
El mundo inmerso en el pecado tiene que ser destruido de
acuerdo con su justicia, pero vio a Jesús, suplicando ante el Padre, que,
aunque unido a Él, era una persona distinta, pidiendo misericordia por algún
tiempo. La mano del Padre Celestial, no parecía una mano paternal, sino justa y
castigadora, cargaba su peso sobre el mundo. Luego Jesús puso su mano debajo de
la de su Padre, pero la mano del Padre Eterno empujó hacia abajo la mano de
Jesús y dijo: no, Hijo mío, el pecado está clamando justicia. Fue una visión
terrible, porque parecía que la justicia prevalecería sobre la misericordia.
Entonces Jesús miró a su Madre que estaba a su lado y exclamó: Madre
Inmaculada, ven, ayúdame a sostener la mano de mi Padre Celestial. En el
momento en que la Santísima Virgen puso su mano debajo de la de Jesús, el Padre
Celestial levantó la suya y dijo: Hijo mío, la misericordia ha prevalecido. El
mundo pecador ha alcanzado misericordia debido a las súplicas de la Madre
Inmaculada. Encomendaremos a Ella la tarea de salvar al mundo dotándole con los
poderes de Reina, con el título de la Victoriosa Reina del Mundo. El género
humano que está condenado a morir a causa de sus pecados, recibirá gracia y
salvación a través de Ella. Pondremos bajo su mando una multitud de ángeles. La
Virgen estaba adornada con sus tres grandes virtudes: pureza inmaculada, amor
ardiente y profunda humildad. Las palabras “la humildad será exaltada”, que
como desconocida Niña de Nazareth pronunció en el Magníficat se habían
realizado en Ella. La Santísima Trinidad la coronó con una brillante corona de
tres piezas, significando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Su manto
estaba impregnado con la sangre de Jesús, y esto le daba un color escarlata. Ella
empezó a caminar suave y majestuosamente hacia el mundo. A este lo vi como una
esfera gigante con una corona de espinas, llena de pecado, a Satanás en forma
de serpiente enrollada alrededor saliendo de él toda clase de suciedad. La
Virgen Madre se levantaba erguida sobre el globo como victoriosa Reina. Su
primer acto como Reina fue cubrir al mundo con su manto. Lo bendijo al mismo
tiempo que la Santísima Trinidad también lo bendecía. Entonces la serpiente le
atacó con terrible odio, saliendo llamas de su boca. Parecía que su manto sería
alcanzado por el fuego, pero las llamas no podían ni siquiera tocarlo. Ella
estaba tranquila como si no estuviera en una contienda, y serenamente pisó el
cuello de la serpiente que no cesaba de arrojar llamas, símbolo de odio y
venganza, pero no podía hacer nada, mientras la corona de espinas, hecha de
pecados, había desaparecido de alrededor del mundo, brotando una azucena en su
centro. La bendición de la Señora de todos los Pueblos había caído en todas las
naciones y personas. Con su voz indescriptiblemente apacible y majestuosa dijo:
Aquí estoy, Yo ayudaré, Yo traeré orden y paz. Jesús entonces explicó que su
Inmaculada Madre vencerá el pecado mediante su poder de Reina. La azucena
representa la purificación del mundo, cuando la humanidad vivirá como sin
pecado. Habrá un mundo nuevo y una era nueva. Cuando pise el cuello de la
serpiente, las puertas del infierno se cerrarán. Ella será la Corredentora en
esta era que viene.