DECAYENDO - 27/07/2026
Para comprender el proceso de decadencia por el que pasa Occidente empleamos dos metáforas inspiradas en colores: el oro y el pardo.
El color áureo es al color pardo más o menos como el
gallo es al pato. El gallo es áureo. El pato sería un gallo pardo, privado de
elegancia, del señorío y de la hidalguía del gallo. El pato sería el burgués
del gallinero mientras el gallo es el noble, el hidalgo.
El pato es un ave amiga del hombre, pasea inofensivamente
por los espacios que le son concedidos, no molesta a nadie, no irradia siquiera
un mínimo de poesía ni elegancia, pero sirve para ser comido.
Imaginemos un gallo pensante que tuviese la tentación de
admirar al pato y prestase atención a lo que este le dijese: Yo soy un animal
útil, tú eres sólo decorativo. A mí, los hombres me comen, tú no sirves para
ser comido. Por tanto, no eres productivo, eres sólo un ente que pasea por aquí
y que ayuda a poblar el gallinero, pero lo sabroso, el ave de banquete soy yo.
E imaginemos que el gallo en un momento de debilidad
comenzase a dudar de su propio esplendor y se preguntase: ¿No sería mejor que
yo me transformase en pato? ¿No sería más realista? ¿No me debería “patificar”?
Admitamos que un gallo se convenciese de eso. Es
inevitable que él no intentase perder algo de su elegancia, de su distinción y
por tanto de su morfología. Su cabeza le pesaría y procuraría cortarse la
cresta por ser inútil. El cuello perdería su movimiento, la cola bajaría y se
transformaría en una especie de pato de segunda clase: Inútil como tantas cosas
decorativas y por otra parte sin belleza como tantas cosas útiles. Quedaría
reducido a nada.
Tal proceso sería comparable al que sufren las élites
dirigentes desde la Edad Media hasta nuestros días. Fueron perdiendo cada vez
más lo rutilante que las caracterizaba. Toda la gala, el protocolo y la pompa
de la Edad Media eran mayores que en el Ancien Régime y todo fue
decayendo hasta la Belle Époque. Después de la Primera Guerra Mundial
otra caída y con la Segunda Guerra Mundial la gran caída. ¡Se acaba la era de
los gallos! El gallo se convenció de que era mejor transformarse en pato…