TRIBALISMO – 30/04/2026
Después del protestantismo, la revolución francesa y el comunismo,
la cuarta etapa del proceso revolucionario es el hipismo y su corolario político
el tribalismo, rumbo al satanismo.
Es decir que el modelo de sociedad ahora propuesto es la
tribu, como las que los europeos encontraron cuando desembarcaron en América.
En la foto el antipapa Bergoglio revindicando la vida
tribal en su viaje a Canadá en 2022. Ya en 2015 publicó un pasquín parodiando a
las encíclicas en el que pedía crear un gobierno mundial que imponga ese “nuevo
orden mundial” que es las antípodas de la civilización cristiana. Se trata de tribus fiscalizadas continuamente
por un cacique, mandado por un gurú que a su vez es inspirado por los espíritus
malignos, que son a los que ellos invocan.
La civilización debe ser liquidada en pro de ese “ideal”
y a fin de forzar a la gente a aceptarlo inventaron la fantasmada del cambio
climático que nada tiene que ver con la realidad ni con la ciencia, pero dicen
puede causar muchos males y para evitarlos hay que acabar con la industria y el
progreso.
La Cumbre del Clima reunió en París a representantes de
195 países para, con la ficción de que el calentamiento global se debe a la
acción humana, impedir el progreso de los países pobres y frenar el de los
industrializados.
Se trata de ir transformando la civilización en un modelo
de sociedad miserabilista inspirado en la vida tribal. Así es que los
gerifaltes cubanos consideran un gran logro haber acostumbrado a la gente a
vivir en la miseria y en Venezuela estaban intentándolo.
Con la creación de crisis, como la del virus fabricado
por el partido comunista chino o la energética y económica provocada por los
comunistas rusos con de la guerra en Ucrania, aspiran alcanzar gradualmente a
esa meta. El apagón de electricidad, al estilo de los que ya son habituales en
Cuba, provocado en la Península Ibérica hace un año se enmarca en este fondo de
cuadro de guerra híbrida. Se trata de ir apagando la civilización.
Una de las principales vías para que el alma se eleve al
conocimiento de Dios es la contemplación de la belleza en la creación. De ahí
la necesidad del esplendor y el ornato en el orden material. La Revolución
pretende especialmente la destrucción de la belleza, ya que ésta despierta
admiración y la admiración enciende el anhelo de Dios.
El miserabilismo eliminando los reflejos del Creador en
la sociedad atrofia la voluntad y deforma la sensibilidad. Pero sobre todo el
miserabilismo atenta contra la gloria de Dios.