CONTEMPLACIÓN – 19/05/2026
La recta contemplación del orden temporal debe ser
adecuadamente valorada puesto que fue instituido por el Creador principalmente
para que los hombres le conozcan, amen y sirvan.
A través de esta contemplación la persona se sitúa en una
elevación de alma, en las cumbres de la doctrina, donde los acontecimientos
toman un aspecto especial. Para eso es necesario tener el hábito de considerar
no sólo los hechos de la vida pública, sino también los de la vida privada. El
hombre debe tener habitualmente una mirada contemplativa y meditativa de las
cosas que ve.
Esa contemplación de la vida terrena es particularmente
indicada para los legos, inmersos como están en la vida temporal, o sea, en el
mundo que nos rodea, en las ciudades, en las familias, en las instituciones, en
el arte, en los animales, en las plantas, en los pormenores de cada objeto.
La Sagrada Escritura, así como San Buenaventura, nos dice
que en todas las criaturas del universo hay una imagen y semejanza de Dios. En
la Suma Teológica, Santo Tomás llega a decir que en cualquier criatura se
pueden encontrar vestigios de la Santísima Trinidad.
Incluso cuando estamos en alguna ocupación absorbente esa
contemplación debe ser objeto segundo de nuestra atención, continuamente a la
búsqueda de entender el significado superior de cada cosa. La
principal razón de ser de cada cosa no es la práctica sino la simbólica. El
símbolo es lo que hay de más poderoso para la formación de las almas: a través
de la simbología ejercitamos el amor de Dios. Por ejemplo, la razón de ser más
alta de la autoridad paterna no es la de alimentar y educar al hijo sino la de
representar a Dios ante él.
El hombre necesita lo práctico para el cuerpo, pero lo
bello para el alma. La apertura a los símbolos amplía enormemente los
horizontes y une a las almas haciendo la convivencia admirable.
La sensibilidad para los símbolos puede ser cultivada o
aplastada. Este cultivo es una forma de progresar espiritualmente. Por el
contrario, la cultura moderna aplasta esta sensibilidad. A veces un símbolo nos
habla tanto que lo recordamos toda la vida.
El universo material es un edificio inmenso en el que la
parte más elevada es el hombre. Todo el universo, de una u otra manera, es un
símbolo de Dios.
El puente que une lo visible a lo invisible es lo
simbólico. Los hombres serían mucho más dados a la reflexión si percibiesen el
valor simbólico de las cosas.