CARMEN

 

CARMEN – 16/07/2026

Hoy celebramos la entrega en el año 1251 del escapulario del Carmen a San Simón Stock, perteneciente a la alta nobleza inglesa y prior de la Orden del Monte Carmelo, como signo de su predilección.

Sabemos que el Profeta Elías fue el predecesor de los carmelitas, representó la primera corriente de devoción mariana en el mundo, el extremo de la devoción a Nuestra Señora, quien luchará al final del mundo contra el Anticristo y contra los últimos enemigos de Nuestro Señor. Y que constituye por tanto una especie de puente, desde el inicio de la devoción a Nuestra Señora en el mundo, siglos antes de que Nuestra Señora naciera, hasta la lucha contra los últimos enemigos de Nuestra Señora, que estarán poniendo fin al Reino de María. 

Hubo invasiones de los sarracenos y la Orden del Monte Carmelo, que existía en Oriente, fue perseguida, expulsada y muchos religiosos se trasladaron luego a Occidente para vivir aquí. Sin embargo, no se aclimataron. Había indiferencia hacia ellos, no entendían lo que eran, estaban un poco dispersos. San Simón Stock era su General, pero no ejerció autoridad efectiva sobre una Orden debidamente constituida. Podemos decir que la Orden del Carmen se transformó en restos flotando en un mar embravecido, y ya no en un barco, en una estructura jurídica, cohesiva y uniforme, capaz de preservar un espíritu, promoverlo, transmitirlo a la posteridad.

Fue en esta situación que él, que era inglés, orando con gran devoción a Nuestra Señora, le pidió que no dejara morir a la Orden del Monte Carmelo.

Entonces, en el colmo de esta aflicción en la que se encontraba el santo, se le apareció Nuestra Señora y le entregó el escapulario del Carmelo. Entonces Nuestra Señora indicó que, como su librea, debían ponerse la sotana. Al mismo tiempo, reveló el famoso privilegio del sábado, vinculado a quien lleva el escapulario del Carmelo: quien usa este escapulario piadosamente, tiene la gracia de la perseverancia final y va al purgatorio, si lo merece, pero será liberado el primer sábado, tras su muerte.

Tras esta intervención de Nuestra Señora, la Orden comenzó a florecer, a desarrollarse extraordinariamente y dio origen a la Orden del Carmelo, que, a su vez, dio a Occidente, por citar sólo tres personas, a Santa Teresa la Grande, San Juan de la Cruz y Santa Teresa del Niño Jesús. Es decir, tres soles en el firmamento de la Iglesia.

Era la línea divisoria entre la vida occidental y la vida oriental de la Orden. Y en un momento en que esta especie de istmo, entre estos dos continentes históricos, se adelgazaba de tal manera que parecía desaparecer, precisamente en ese momento Nuestra Señora intervino para salvar y dar mucho más de lo que había antes. La Orden prosperó en Occidente mucho más que en Oriente. Y con estos dos privilegios, dio una idea exacta de cómo confiar en Nuestra Señora y cuál es su papel en las obras que ama.

En las obras que Ella ama… las cosas pueden llegar al punto de desmoronarse casi por completo. Todo parece perdido, pero éste es el momento que Ella se reserva para intervenir.

Bien lo decía Joseph de Maistre:  las grandes intervenciones de Dios van precedidas de una fase en la que todo se pierde, de modo que queda completamente claro que ninguna ayuda humana sirve de nada.

Después de comprobarse que todo lo humano fracasó, en la hora de la desolación y del caos, por intercesión de Nuestra Señora, Dios interviene y salva la situación. Y eso fue precisamente lo que pasó en la vida de San Simón Stock. En otras palabras, una magnífica lección de confianza que se da a lo largo de los siglos.