PÍO V –
05/05/2026
El Papa San Pío
V pasó a la Historia por ser uno de los héroes de la batalla de Lepanto, junto
con don Juan de Austria y otros grandes guerreros que lucharon y vencieron
allí. En el cuadro recibiéndole después de la victoria.
El Pontífice
veía claramente el peligro que suponía el continuo crecimiento del poder
otomano que amenazaba invadir Italia o cualquier otra parte de Europa causando
efectos tan o más desastrosos que la invasión de los árabes en España al
comienzo de la Edad Media. En esa situación tenía que apelar lógicamente al
varón que era el apoyo temporal de la Iglesia en aquella época: Felipe II, rey
de España. El emperador del Sacro Imperio Romano Alemán no tenía condiciones de
luchar eficazmente contra los moros a causa de la división religiosa con la revolución protestante.
Y Francia estaba corroída por una crisis religiosa muy grande, guerras de
religión, etcétera. Por tanto, solo podía contar, de entre las grandes
potencias católicas, con Felipe II, por un lado, y por otro, con Venecia, que
poseía un gran poder naval. En el caso de que el rey español se retrajese, las
hordas musulmanas invadirían Italia y después alcanzarían toda la cristiandad.
Sería el fin de la civilización cristiana en Occidente. No sería el fin de la
Iglesia, porque es inmortal, pero nadie sabe a lo que podría quedar reducida.
Si no fuese por la presión del Papa no se habría realizado esa gran batalla ya
que España no habría mandado su escuadra y este era el contingente decisivo de
la escuadra aliada.
Por otra parte,
ya al comienzo de su carrera eclesiástica, expuso treinta tesis en defensa del
papado y contra las herejías de su tiempo. En contraste con la laxitud moral
imperante se mostró severo por lo que fue nombrado inquisidor general de la
cristiandad.
El mismo año de
su elección reunió la Dieta de Augsburgo, asamblea general del Sacro Imperio
Romano Germánico, e impuso las directrices del Concilio de Trento en Alemania,
intentando detener la influencia de la Reforma Protestante, dando inicio
efectivo a la Contrarreforma.
Decretó la
degradación del estado eclesiástico y la entrega al poder secular a cualquier
clérigo católico culpable de sodomía homosexual.
Publicó el
Catecismo Romano, unificó el modelo de la Santa Misa y creó la Congregación del
Santo Oficio para mantener actualizado el Índice de Libros Prohibidos.
Confió a la
Inquisición romana la tarea de reprimir la sodomía homosexual, la adivinación,
la astrología, la nigromancia, la brujería, la magia y la alquimia.
Proclamó la
supremacía de la Iglesia de Roma y de su cabeza visible sobre todos los poderes
civiles y sobre quienes los ostentaban.
Financió con
cargo al erario pontificio la participación de la Iglesia en las guerras santas
en Francia contra los hugonotes.
En relación a
la colonización de América autorizó el uso de la fuerza hacia los pueblos
indígenas con el fin de combatir los delitos contra la ley natural.