RATISBONNE –
06/05/2026
El joven judío
Alfonso Ratisbonne se encontraba de viaje en Roma con su amigo el barón de
Bussieres, el cual le contó los milagros que se estaban produciendo a través de
la medalla Milagrosa revelada a Catalina Labouré e insistió que se la colocara
en el cuello además de rezar una pequeña oración, a lo que acabó accediendo. Al
día siguiente ambos entraron en una iglesia y mientras el barón encargaba una
misa en la sacristía Alfonso se quedó en el templo admirando las obras de arte
cuando de pronto un altar dedicado a San Miguel se llenó de luz y se le
apareció majestuosa la Virgen María, tal como está en la medalla que llevaba en
el cuello. Ella no le dijo nada, pero él lo entendió todo y se convirtió al
catolicismo.
Su fisonomía es
de una persona que tomó una resolución firme. El porte, el cuerpo, todo el
conjunto es de un hombre posante, que enfrenta cualquier dificultad. Hasta por
la postura de las manos y de los brazos se percibe un hombre de decisión
fuerte.
No aparenta
ninguna introspección, está completamente puesto en el mundo exterior, en la
objetividad, en la verdad. Sin devaneos, pues entiende que la vida no está
hecha de ilusiones, tiene el garbo de un gigante en la presencia de Dios. Estos
aspectos revelan su grandeza de alma.
Tiene algo de
bíblico, Moisés podría ser así. Ver esta foto hace bien, como la del ermitaño
Chárbel Makhlouf. Pero la fisonomía de Chárbel recuerda a la de un profeta,
mientras que la de Ratisbonne se parece mucho a la de un legislador.
Como leyenda de
esta fotografía se podría escribir: El varón a quien se le apareció Nuestra
Señora del Milagro en la Basílica Sant Andrea delle Fratte de Roma el 20 de
enero de 1842.
De esa
aparición resultó su conversión instantánea de enemigo de la Iglesia católica
en su fervoroso apóstol, que impregnó su fisonomía con algo de exorcisante. Mil
murciélagos y mariposas de la duda, de la incerteza, de la flojera, de la
introspección y de la codicia huyen de su presencia.
Es un verdadero
católico, ni un poco tonto, pues sabe lo que desea. Comprende totalmente la
malicia de los revolucionarios y como debe ser el combate a los malos.
Era un hombre
riquísimo, banquero y abogado, frecuentaba la mejor y más alta aristocracia. Su
conversión del judaísmo al catolicismo a los 27 años le sacó de ese ambiente
para hacerse sacerdote. Fundó la Congregación de Nuestra Señora de Sión
dedicada a la conversión de los judíos. El amor que se tenía a sí mismo lo
transfirió a Dios Nuestro Señor, con todas sus potencialidades puestas
enteramente al servicio del amor de Dios.