CHUTE

 

CHUTE – 25/09/2026

Una princesa rusa logró escapar durante la revolución bolchevique llevándose escondido sólo un gran collar de magníficas perlas. Era el que se llama chute, es decir, en caída, en el que las de atrás eran pequeñitas y luego iban creciendo igualmente en ambos lados hasta llegar a la parte central. Los entendidos creen que esos collares son mucho más poéticos que de los collares en que todas las perlas son iguales.

Este tipo de collar tiene mucho valor porque es muy difícil hacer una colección con perlas iguales de ambos lados y todas ellas teniendo en relación a la anterior y la posterior la misma diferencia. Con perlas falsas, de fábrica, se hace con facilidad, pero con perlas verdaderas de Oriente es muy difícil, especialmente si todas son de la misma albura. Eso tiene un valor extraordinario.

La belleza de la perla pequeña en ese collar consiste exactamente en la desigualdad. Formar parte de un todo desigual armónico. Y en esa armonía, en ese trazo de unión es donde está el pulchrum. Es una hermosura toda hecha de correlaciones.

La aburguesada princesa se fue a Suiza esperanzada de que el régimen comunista cayera pronto y para poder sobrevivir buscó un joyero judío a quien ir vendiéndole las perlas poco a poco. Pero el joyero era muy sagaz y sabía que el comunismo no iba a caer y comprendió que el collar entero iba ir a parar en sus manos.

Cuando la princesa vendió la última perla, él reconstituyó el collar, fue a una joyería importante y lo vendió por una fábula, mucho más caro de lo que lo había comprado, por la extraordinaria rareza de encontrar las perlas que hicieran esa armonía. Aquí estaba la belleza principal, lo mejor, lo más artístico, y lo que valía más dinero y era donde estaba el beneficio del joyero. Él había pagado perla por perla su verdadero valor pero el conjunto valía mucho más que cada perla individualmente.

Entonces le acusaron de haberse aprovechado de la falta de experiencia de la señora a lo que respondió que fue un negocio que hicieron con base en una opinión política. Si el comunismo hubiera caído, ella habría hecho un buen negocio, porque habría salvado parte importante de su collar, pero como el comunismo no cayó quien hizo un buen negocio fue él.

Si lo aplicamos al universo que Dios creó, Santo Tomás de Aquino enseña exactamente eso. Y lo que los joyeros y los artistas piensan sobre esos collares de perlas desiguales, es precisamente lo que Santo Tomás de Aquino enseña sobre el mundo.

Él enseña que Dios no podría haber creado todas las criaturas iguales, porque ninguna criatura tiene la posibilidad de reflejar adecuadamente la belleza de Dios, ya que la criatura es limitada y Dios es infinito. Y para dar una idea de la belleza de Dios sería necesario que hubiera criaturas desiguales, cada una reflejando a Dios a su manera. Pero siendo desiguales, para reflejarle tendrían que formar una jerarquía, una vez que toda diferencia redunda en desigualdad. Por lo cual la hermosura de la jerarquía consiste en la desigualdad armónica, sin saltos, sin desproporciones, sino una desigualdad proporcionada, por esa desigualdad armónica se afirma la belleza de Dios en la Tierra.