PLACIDEZ – 10/08/2026
Un medieval está copiando un libro. Debía ser un copista
profesional de los que algunos eran verdaderos artistas. Sentado en un pupitre
junto a la ventana, está vestido con ropa amplia en la que se mueve a gusto y
le abriga bien. A su izquierda la ventana con vidrios fondo de botella por
donde la luz penetra de izquierda a derecha iluminando el trabajo
correctamente. Con el rostro plácido y una gran pluma de pato escribe
tranquilamente. Bello oficio para el cual se percibe su habilidad. Sin prisa,
sin angustia, sin cansancio. Está ganándose la vida y sumamente entretenido.
Entretenido con ese ambiente que contiene determinados valores morales como la
placidez operativa. La placidez es una cualidad moral y la placidez operativa
reúne dos perfecciones opuestas pero armónicas. No tiene la sensación de que
pasó el día extraordinariamente bien. Para él fue un día normal. Esa normalidad
no fue deliciosa sino apenas deleitable.
La diversión y el placer son una excepción en la vida. Lo
normal es esa deleitabilidad de cada día. Es el verdadero entretenimiento de la
normalidad, la tranquilidad, la placidez.
La degustación de las situaciones constituye propiamente
la felicidad. La llave de la cuestión está en la templanza. Si el individuo es
temperante es capaz de degustar la situación legítima en la que se halla,
encontrando ahí la felicidad. Si es intemperante, o si se deja llevar por la
intemperancia, pasa a correr tras los placeres, corriendo tras los placeres
corre tras las sensaciones, y corriendo tras las sensaciones vuelve al punto de
partida. Son espíritus que transforman en fuente de gozo intemperante incluso
cosas que, de suyo, no lo son. Por ejemplo, encontrará placer en el trabajo
agitadísimo, que produce como que una embriaguez de realización.
La actividad febril es la manía de tener continuamente
sensaciones fuertes, de no vivir en la placidez de una vida ordenada y común,
sino de estar inmerso en las sensaciones fuertes. Es una carrera tras la
sensación a propósito de todo y de nada. De ahí nace, en gran parte, el
desequilibrio de la sociedad moderna. De ahí los mil desatinos de esta
civilización nuestra que puede ser llamada de civilización de lo “sensacional”,
en oposición a la civilización de antaño, que era la civilización de lo racional,
de lo razonable, de lo comedido, del equilibrio.