CERRO –
08/08/2026
De nuevo nos
encontramos hoy con las dos Españas frente a frente. La que odia al Sagrado
Corazón y la que le ama. Las dos banderas de San Ignacio de Loyola, la luz y
las tinieblas, la España épica y la España criminal. Porque guste o no, toda la
historia y la vida gira a su alrededor. El amor o el odio a Él, marca el curso
de los acontecimientos.
El Cerro de los
Ángeles, considerado centro geográfico de la Península Ibérica, albergaba desde
1919 el monumento al Sagrado Corazón sufragado con aportaciones de miles de
españoles e inaugurado por el rey Alfonso XIII consagrando solemnemente España
al Sagrado Corazón de Jesús. Era una escultura tallada en piedra sobre un
monolito de 28 metros de altura.
Durante la
guerra civil de 1936 fue escenario de episodios de odio y violencia
protagonizados por las milicias izquierdistas. El primer asalto al complejo
religioso se produjo el 23 de julio, cuando cinco jóvenes pertenecientes a la
Acción Católica que se turnaban para defender la Ermita de Nuestra Señora de
los Ángeles, el convento de Carmelitas Descalzas y el monumento de posibles
atentados, fueron asesinados por un escuadrón de milicianos. Después cambiaron el nombre de Cerro de
los Ángeles por el de Cerro Rojo. Desde ese momento todo el cerro situado en una zona elevada, de
gran importancia estratégica, quedó en manos del Frente Popular que decidió, en
lugar de aprovechar su valor militar, emplear el convento para instalar una
cárcel de tortura en la que fueron asesinadas decenas de personas.
El 28 de julio
los milicianos socialistas y anarquistas, fusilaron, entre blasfemias, la
imagen del Sagrado Corazón, como se puede ver en la fotografía. Seis impactos
de bala rodearon el corazón, pero ninguno hizo diana en él.
No satisfechos,
intentaron derribar a mano la columna sobre la que reposaba, pero sus muchas toneladas de piedra lo
hicieron imposible. Así que durante varios días intentaron tirarla con unos
gruesos cables de acero amarrados a un tractor. Al no conseguirlo la chusma desesperada
subió la colina armada de cinceles y martillos.
La solución
definitiva llegó el 7 de agosto con un cargamento de explosivos, haciendo
detonar tres cargas de dinamita en la base. Naturalmente el monumento se vino
abajo, pero la piedra con el corazón esculpido quedó entera y en la actualidad
se puede venerar como reliquia.
Las fotos que
la prensa revolucionaria difundió, especialmente la del fusilamiento, llegaron
rápidamente a toda Europa ocasionando que Irlanda y Rumanía enviasen
voluntarios para defender el cristianismo de la persecución comunista.
Hoy los mismos
partidos políticos que le fusilaron están en el Gobierno, eso sí, utilizando
métodos más sutiles y apoyados por la antiglesia prevostiana que llega incluso
a defender la invasión islamista de España.