SANTIAGO –
25/07/2026
El patrono de
España, Santiago Apóstol, hermano de San Juan Evangelista, fue el primero de
los 12 en recibir la corona del martirio.
Es interesante
ver como en la vida de los santos al igual que en la de Nuestro Señor hay una
hora marcada por Dios para todo. Hacen todo tipo de cosas para matarlos, pero
por disposición de Él, no consiguen absolutamente nada. Después llega la hora
marcada por Dios para su muerte y entonces nada le salva. Fue advertido de que
iba a morir y efectivamente es martirizado, ofreciendo su vida en holocausto.
Exactamente como Nuestro Señor, que corrió varios peligros de muerte, antes de
ser arrestado, pero atravesó incólume los ambientes llenos de enemigos, sin que
se atreviesen a hacerle nada. Pero cuando llegó el momento de ser asesinado,
según los designios de la Providencia, Él mismo se entregó. En ese momento
todos los milagros operados anteriormente para salvar su vida no actuaron más.
Había llegado su hora.
Lo mismo
ocurrió con Santiago que pasó por toda clase de riesgos y se operaron prodigios
para salvarle la vida. Le lanzaban cobras y las cogía con la mano, intentaron
matarlo de varias maneras y todas ellas resultaron inútiles. Sin embargo, llegó
un determinado momento en que recibió de Nuestra Señora el aviso de que iba a
morir, le reconfortó y murió. Es decir, fue el designio de la Providencia que
se cumplió.
Es bonito
considerar la magnífica aparición de la Virgen a Santiago en Zaragoza, con ese
símbolo de una columna esbelta que tiene en lo alto un lirio del cual se
desprenden llamas de fuego. Parece una contradicción. El lirio es níveo,
delicado, parece fácilmente marchitable por el sol. Sin embargo, es agradable
imaginar un lirio que conserva toda su frescura, su albura y al mismo tiempo
lanza cinco llamaradas que no queman, sino que iluminan todo porque son el
símbolo de los cinco dogmas marianos. El quinto, aún no proclamado, el de
Corredentora, Medianera y Abogada, pedido por Ella misma en Ámsterdam. Cuánta
belleza existe en esta revelación. La columna también simboliza un orden de
cosas que iba a nacer en la Cristiandad con la España católica como soporte de
un lirio lleno del amor de Dios, que era la Señora de todos los Pueblos.
Para un alma
combativa no hay nada más hermoso después de morir que su memoria quede no como
un signo de conciliación, sino como un grito de guerra. Su nombre fue el grito de guerra en la
lucha contra los musulmanes. No hay mayor gloria para un nombre que servir de
grito de guerra a los Cruzados durante la Reconquista. Es la gloria de un hombre y de su
nombre, de cuyo apostolado nació la nación católica combativa por excelencia,
la llamada a ser el brazo armado de la Cristiandad.