COMBATE - 02/03/2026
La clemens,
pia, dulcis Virgo Maria que el melifluo doctor San Bernardo cantó con tanta
suavidad en la Salve Regina, nos es presentada por San Luis Griñón como una
verdadera torre de combate, Turris Davidica, exclama la letanía
lauretana.
A lo largo de
la historia, los hijos de la Señora batallarán hasta el fin del mundo contra
los hijos de Satanás. Y la victoria final será de los primeros, por la
interferencia de Ella. Dios no puso solamente una enemistad sino enemistades, y
no sólo entre María y el demonio, sino también entre la descendencia de la
Virgen y la del demonio. Es decir, Dios estableció enemistades, antipatías y
odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Santísima Virgen y
los hijos y esclavos del demonio. No hay entre ellos la menor sombra de amor,
ni correspondencia íntima existe entre unos y otros. Los hijos de Belial, los
esclavos de Satanás, los amigos del mundo, pues son lo mismo, siempre
persiguieron hasta hoy y perseguirán en el futuro a aquellos que pertenecen a
la Santísima Virgen, como otrora Caín persiguió a su hermano Abel, y Esaú, a su
hermano Jacob, figuras de los réprobos y los predestinados. Pero la humilde
María será siempre victoriosa en la lucha contra ese orgulloso, y tan grande
será la victoria final, que llegará al punto de aplastarle la cabeza, donde
reside todo su orgullo. Ella descubrirá siempre su malicia de serpiente,
desvendará sus tramas infernales, desvanecerá sus consejos diabólicos, y hasta
el fin de los tiempos amparará a sus fieles servidores contra las garras de tan
cruel enemigo.
Por tanto, en
nuestros días también han sido, son y serán sacudidos por ese entrechoque
terrible, que no se confunde necesariamente con las guerras del siglo, pero
tiene alguna relación con ellas. Y sobre todo tiene una relación obvia con las
incontables revoluciones que han sacudido a Occidente, como fue predicho por
Nuestra Señora en Fátima: “Rusia esparcirá sus errores por el mundo promoviendo
guerras”. La agresión rusa a Ucrania es un ejemplo clamoroso y
sangrante, la exportación del terrorismo islamista de Irán otro.
La supresión de
esa lucha por una reconciliación ecuménica entre la Virgen y la serpiente,
entre la raza de la Virgen y la raza de la serpiente, rumbo a una era en la
cual el cese utópico del entrechoque acarree una armonización entre todos los
derechos, todos los intereses, una interpenetración de todas las lenguas bajo
un gobierno universal que será sólo abundancia y despreocupación es la gran
utopía contra la cual las masas se deben precaver. Sería un nuevo intento de construir la
orgullosa torre de Babel, que tanto quiere el neopaganismo. Es la bandera
tejida de ilusión y de mentira con la que, en todas las épocas, los demagogos
intentan arrastrar a las masas insurrectas.
