BEBIDAS –
12/02/2026
La cerveza es
una bebida de una psicología muy diferente del refresco común. Es varonil,
agradable a la vista, tiene un gusto que se afirma, presenta variedades casi
incontables. No obstante, ofrece cierto inconveniente: invita de algún modo al
alcoholismo, aunque ese problema no está tanto en la cerveza como en el
consumidor. Debido a su naturaleza es más sabrosa cuando se sirve helada. Por
eso independientemente del objetivo de refrescarse, la mayor parte de las
personas prefieren ingerirla a baja temperatura. En ella se observa alguna cosa
de plebeyizante. Se puede concebir perfectamente una persona de gran categoría
que beba cerveza de buen gusto, aunque se discierne un aspecto por el cual la
persona siente la inclinación a beberla en cierta cantidad, que no llega
necesariamente hasta la embriaguez, pero que alcanza los límites de esta. La
persona tiende a gesticular mucho, cantar alto, comer demasiado y hacer cosas
de ese tipo, la cuales revelan algún desequilibrio. Es necesario, naturalmente,
considerar ese dato con atención.
Las bebidas no
alcohólicas tienen, a su vez, una variedad incontable. En el refresco se pueden
distinguir dos aspectos: primero, el gusto intrínseco de la materia prima con
que es producida, segundo, el deleite que la bebida produce. Esos dos aspectos
provocan efectos diversos, siendo necesario hacer la diferenciación. En los
antiguos refrescos, que se generalizaron en las primeras décadas del siglo
pasado, preponderaba el gusto, la delectación del sabor. Una de esas bebidas es
el Guaraná. Toma el nombre de una planta original de la Amazonia. Con el polvo
proveniente del fruto, se produce una bebida de color dorada, con espuma
blanca, gasificada, ya en esa época todas las bebidas eran gasificadas, lo que
concurría para que alcanzase un enorme éxito. Tenía dos modalidades: el
espumante y el achampañado. El espumante era dulce y realmente espumaba. El
achampañado exhibía una espuma mucho más discreta, semejante a del Champagne.
Como el Champagne estaba en aquel tiempo en el auge de la moda, el Guaraná
achampañado creaba la ilusión a quien lo bebía de que estaba tomando algo
parecido al famoso Champagne, alcanzando con eso mucha difusión.
Entretanto, el
triunfo de las bebidas fue alcanzado cuando surgió la Cocacola. Bastaba tomar
dos o tres tragos para que no gustase. Se percibía algo deformante del buen
gusto. Naturalmente, exigía ser servida a temperaturas polares. Penetró en
todos los ambientes, con facilidad, con naturalidad fue ocupando todos los
lugares. En fin, la Cocacola conquistó el mundo. Se benefició de una asociación
de imágenes ya que cuando entró el período Cocacola, Holywood estaba decayendo
y el cine europeo comenzaba a alcanzar un prestigio que no disfrutaba
anteriormente. En otros términos, el monopolio del cine estaba escapando de los
Estados Unidos a causa de la alta calidad técnica, artística y de argumentos
más sofisticados, más trabajados, producidos por el cine europeo. Entonces la
Cocacola continuó representando lo que podríamos llamar la bebida simbólica
hollywoodiana. Hollywood no murió, los grandes días de Hollywood, de la
decadente Hollywood, las personas aún podían percibirlos en el paladar, tomando
Cocacola. Fue muy interesante ver que cuando cambió el formato de la botella
uno pensaba que vendría un tipo de botella más revolucionario y todo el mundo
aplaudiría, pero, al contrario, hubo como que una contrarrevolución en
Cocacola. La causa de ese retroceso: la indignación. Torrentes de cartas de
consumidores de todo tipo exigieron que la empresa reformulase el estilo de la
botella. Se volvió entonces al estilo antiguo, el cual permanece en la
actualidad.