BÉCASSINE


BÉCASSINE – 19/01/2026

El artista francés Joseph Pinchon es el autor de los dibujos de Bécassine, personaje de la literatura infantil a partir de 1905. Las aventuras de esa joven campesina se recogieron en 24 álbumes y es la primera protagonista femenina del cómic. Esos libros son pequeños tratados de sociología. Puede ser considerado precursor del belga Hergé con sus famosas aventuras del reportero Tintín cuya fisonomía guarda un curioso parecido con ella.

Hija del matrimonio Labournez, vivían en Clocher les Bécasses, ciudad de nombre encantador que existía en función del castillo de Monsieur y Madame de Grand Air, los marqueses de la región.

En la ilustración vemos el ensayo para la representación de la boda del rey Carlos VIII y la reina Ana de Bretaña, con dos niños delante de ellos. En el lado derecho está representada Francia con flores de lis en el traje de la niña, del lado izquierdo a Bretaña, con sus símbolos heráldicos en el traje del niño.

El personaje que organizó la fiesta para rememorar la unión de Francia con Bretaña está pidiendo la opinión del marqués, un modelo de elegancia masculina anterior a la Primera Guerra Mundial. Son dos viejos conversando y se nota claramente la diferencia social entre ambos. Si alguien preguntase quién es el marqués, no sería difícil responder.

El hombre del lado izquierdo es un campesino vestido como personaje de la corte de Ana de Bretaña, el otro es el marqués. Fino y esbelto, casi como humo que se desprende de un cigarrillo, tiene el tono y la forma de un hombre consciente de su importancia, habituado a ser considerado, que sabe mandar y con el que no se puede jugar. Su narigón tiene un vago parecido con un ave de rapiña, de quien decide sin vacilación. Usa un hermoso sombrero, corbata exuberante, chaleco y un traje de chaqueta pomposo que llega hasta la rodilla.

El campesino está completamente a gusto, pero con el sombrero en la mano en señal de respeto e inclinándose un poco para hablar con el marqués. Para saber si la representación de la boda está bien hecha, él consulta al marqués sin el menor temor de sufrir un desplante, sarcasmo o menosprecio y el marqués demuestra benevolencia cautivante. Habla como si estuviera delante de otro noble, dando explicaciones con mucha bondad. Reina entre ellos una concordia completa, lo contrario de la lucha de clases marxista, predicada por los comunistas. Es la armoniosa relación de otrora entre las clases sociales.

Otra escena característica, anterior a la Primera Guerra Mundial, muestra un bautizo en la familia, una fiesta de campesinos, a la cual la marquesa fue invitada y donde destacan tres personas: la marquesa, el cochero y el señor Labournez.

Madame de Grand Air aparenta unos treinta años, con algo aún de chica y algo de señora. La forma como levanta los brazos es sumamente distinguida. El brazo que sostiene la sombrilla es tan leve, que se diría no estar sujeto a la acción de la gravedad. Con el otro brazo saluda al señor Labournez de modo afable.

El pudor del traje es notable. Está toda cubierta, los brazos revestidos de grandes guantes blancos que llegan hasta la manga. Demuestra gran seguridad, sentada con el porte alto y mirando benévolamente al señor Labournez. Le mira desde arriba, sabe marcar la distancia, pero también sabe pasar por encima de esa distancia. De un extremo a otro, es como un arco iris de benevolencia y simpatía.

La relevancia de ella es realzada por el cochero que con la corpulencia de un banquero ufano de su importancia guía el coche y su fisonomía parece decir: abran camino a la marquesa de Grand Air. Esta actitud del cochero contrasta con la afabilidad de la marquesa. Queda bien a una señora de ese nivel hacerse preceder por un hombre capaz de defenderla, garantizando la seguridad y dándole la posibilidad de ser muy graciosa, acogedora y ligera.