HOLODOMOR –
24/11/2025
Hasta los años
80 del siglo pasado eran muy pocos los que habían escuchado una extraña palabra
de origen ucraniano detrás de la cual se ocultaba una de las mayores masacres
del comunismo soviético.
Como ocurrió en
los años 60 con la aparición de “El gran terror”, el primer estudio sobre las
purgas estalinistas de los años 30 fue el historiador británico Robert Conquest
quien, en 1986 con la publicación de “La cosecha del dolor”, desveló lo que
Stalin se había esforzado en ocultar mediante la destrucción de pruebas
documentales: el genocidio ucraniano que acabó con la vida de casi cuatro
millones de personas con un método tan especialmente cruel como el hambre.
Porque eso es lo que literalmente significa el término holodomor, exterminio
físico a través del hambre.
La obra de
Conquest, escrita antes de la caída del muro de Berlín, significó un primer
acercamiento a un hecho histórico que define como pocos la naturaleza criminal
y asesina del régimen totalitario surgido del golpe bolchevique de 1917. Esa es
una de las conclusiones que se desprenden de la lectura de “Hambruna roja”,
publicado en España por la editorial Debate, obra en la que la historiadora
estadounidense Anne Applebaum detalla cómo se planificó y se llevó a cabo un
programa conscientemente diseñado por el Estado soviético con la doble
finalidad política de eliminar físicamente a los campesinos que se resistían a
la colectivización forzosa de las tierras agrícolas, sobre todo a los kulaks,
pequeños propietarios de tierras y ganado, así como de reprimir cualquier
síntoma de nacionalismo ucraniano. Stalin conocía la hambruna que sufría el
país a comienzos de los años 30. Sin embargo, tomó la intencionada
determinación en 1932 de endurecer las condiciones en Ucrania, incluyendo
decenas de granjas colectivas y aldeas en las listas negras, bloqueando las
fronteras del país para que la gente no pudiera irse y creando unas brigadas de
incautación que iban de casa en casa quedándose con la comida de los
campesinos. No se trata, por tanto, de una hambruna provocada por la
meteorología o por la sequía. Ni siquiera por el caos. Y eso es lo que causó la
mortalidad que se produjo en la primavera del 33, un patrón completamente
diferente a lo que ocurrió en otros lugares de la Unión Soviética como Rusia o
Kazajstán, donde también afectó la hambruna. De los cinco millones de muertos
en todo el país, casi cuatro millones eran ucranianos, como el joven de la
foto.
El cuarto
sábado del mes de noviembre se celebra el día del recuerdo de ese genocidio,
tan oportuno en estos momentos en que Ucrania se encuentra en la encrucijada de
luchar épicamente confiando en la Divina Providencia o claudicar ante la
barbarie comunista con la complicidad estadounidense que en el Memorándum de
Budapest en 1994 se comprometió a garantizar la seguridad del país a cambio de
entregar su arsenal nuclear a los rusos. Europa debe tener en cuenta que si no
se frena ahora la ofensiva rusa su objetivo es llegar hasta Gibraltar.
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