CASAS –
26/11/2025
Comparar es uno
de los mejores medios de analizar. Y una de las más notables utilidades de la
Historia consiste en presentarnos una fiel imagen del pasado, a fin de que
mejor conozcamos el presente. Hacer tal comparación no es ser nostálgico. Es
ser claro, práctico, directo en el noble ejercicio de espíritu que es el
análisis.
Comparemos pues
dos grupos de casas populares, uno de una aldea tradicional de Inglaterra,
Warwick, y otro de un barrio moderno en cualquier ciudad que conozcamos.
Las casas
populares actuales son de cemento que es un material resultante de una larga
evolución práctica y científica. En cada una de estas viviendas, la ciencia
hizo posibles las ventajas del agua corriente, la luz eléctrica, el gas, la
radio, la televisión, la calefacción y el teléfono. Desde este punto de vista,
una inmensa transformación en contraste con las casas antiguas de Warwick con
las deficiencias higiénicas y las incomodidades de esa vida.
Sin embargo, se
nota una falta de confort psíquico en las casas modernas, con su
estandarización inhumana, la monotonía y la severidad de sus masas
rectangulares y sombrías, que les dan un aspecto intimidatorio.
Compárese esa
frialdad de líneas y del cemento con el recogimiento, lo acogedor, la armonía
de las casas de Warwick, cada una de las cuales parece considerar al transeúnte
con una plácida sonrisa impregnada de bondad familiar, conteniendo el calor de
una vida doméstica animada y rica en valores morales. Casas simples, sin
pretensiones, agradables de ver, imagen de la propia existencia cotidiana de
sus habitantes. Casas que obedecen a un mismo estilo, pero teniendo cada una su
nota de originalidad, discreta y vivaz.
La conclusión
lógica es que, en cuanto a la comodidad del cuerpo, podemos estar mejor en las
casas modernas, pero desde el punto de vista del bienestar del alma, ¡Cuánto
perdimos!
¿Sería posible
armonizar en un estilo nuevo ambos conforts, del alma y del cuerpo? El estilo
es mucho menos producto de un hombre, o de un equipo de especialistas, que, de
una sociedad, una época, una civilización.
No parece que
este estilo surja sin que previamente el mundo de hoy se haya recristianizado.
Y es para preparar este mundo nuevo fundamentalmente católico, que miramos con
amor estos recuerdos del pasado cristiano de nuestra civilización.
