viernes, 21 de enero de 2022

SILENCIOSOS


SILENCIOSOS – 22/01/2022

Un gran cansancio va apartando a un considerable sector de la vida política. En el corazón de las sociedades contemporáneas, agitadas, ruidosas y caóticas, se va formando una zona de desinterés. Una vasta zona que ya apartó de las urnas a una importante masa de electores. Desinterés silencioso, que revela su fuerza solamente por la omisión. ¿Cuál es la causa de este fenómeno? Digamos antes de nada que no constituye un fenómeno de una u otra nación. Esta zona apareció a la luz pública en las elecciones de los últimos años por una notable abstención de los electores. Por eso, sería vano procurar una explicación local. Sólo una causa universal podría engendrarlo. Auscultando ese silencio apático, como se presenta en algunos países, y tomándolo como muestra del silencio universal, se pueden alinear algunos factores explicativos. De entrada, un inmenso cansancio. Continuamente el hombre recibe hoy novedades que lo deslumbran o lo asustan, pero que en todo caso lo hacen vibrar. En todo momento, también, se le mete por los oídos una música o un eslogan. Al respecto de cualquier cosa se enfrenta a una estadística o a un cuestionario, que le revela la existencia de un problema nuevo, sobre el cual se le pide que opine. A toda costa se le quiere obligar a participar de todo. El hombre moderno es así solicitado para una vida colectiva intensísima. La excesiva agitación produce en las profundidades de su alma una sensación de inadaptación, de angustia y de vacío. Dócil, vibra con todas las noticias, oye todas las músicas, ingiere todos los eslóganes, examina todas las estadísticas y se preocupa con todos los problemas. Es que, antes de ser materia prima para la propaganda, sociológica o política, el hombre es un ser racional y libre, que lleva en sí un mundo interior. Este mundo interior, o lo cultiva con amor y cuidado, o se transformada en una jungla interna, de la cual saltan los más inesperados fantasmas. Privado por la excesiva participación de su centro de gravedad interior y personal, el hombre entra en un desvarío. Para defenderse, se desinteresa de todo. Entra en el silencio. Y se abstiene. Nadie los percibe, nadie los entiende, nadie los representa. Sólo el bullicio tiene ciudadanía. Puestos al margen, ellos se callan. Hay en los silenciosos una inmensa perplejidad. La farándula de las ideologías enloquecidas, la danza endiablada de las contradicciones estruendosas, del cinismo agresivo, de las indumentarias delirantes, todo esto suscita en numerosas personas una pregunta que, porque no es “moderna”, pocos se atreven a hacerla, pero que atormenta a muchos: ¿dónde iremos a parar, y a qué cataclismos vamos siendo arrastrados? El silencioso representa lo que queda de sentido común en nuestra sociedad. El silencioso no está sólo cansado. Está perplejo. Perdido. No está al margen de la vida, él representa lo que queda de sentido común en la humanidad. Es la vida la que está al margen del sentido común. Este es el significado más profundo del marcado avance del silencio en Occidente.