martes, 18 de enero de 2022

PERSONALIDAD


PERSONALIDAD – 19/01/2022

Konrad Adenauer, canciller alemán, fue el responsable de la reconstrucción de Alemania después de la Segunda Guerra Mundial. Gobernó Alemania Occidental desde 1949 hasta 1963. Era un hombre formado por dos tipos de flujo vital, que se compensaban entre sí. Hasta cierto punto era frío, metódico, racional, esquemático, seco. Pero, por otro lado, tenía una vitalidad por la cual era hipersensible, asustadizo, nervioso, irritadizo, un felino. Y aprendió a utilizar las dos modalidades alternativamente, según sus ritmos. En su lado seco, esquemático, siempre era el mismo. Como el río Amazonas, que corre hacia el mar por el mismo lecho, con todo su caudal, y aún empuja al mar lejos. En el lado felino, era capaz de practicar todas las grandezas, pero también todas las miserias. Alternaba horas de enorme fuerza con horas de increíble postración, horas de abatimiento, horas de languidez. Analizándolo, es muy interesante observar que decidió la preeminencia de su lado estático sobre el lado felino. Pero podría haber resuelto lo contrario. En consecuencia, podría haber sido un facineroso, un poeta o un artista.

Comparándolo con Winston Churchill da la impresión de que este estaba dotado de una personalidad inmensamente más amplia y rica. Fue primer ministro de Inglaterra y se convirtió en el símbolo de la determinación y la fibra británica durante la Segunda Guerra Mundial. Existían varios Adenauers en él. Así como Adenauer estaba dominado por el mencionado binomio, Churchill tenía multitud de facetas en su personalidad. Había todo dentro de él. Y con una característica, por la que algo volcánico le dominaba, pero un volcánico ordenado. Los volcanes explotaban en él de manera ordenada, formando una cierta sinfonía. Era dominado por momentos de cóleras, y cóleras magníficas. Después podía experimentar accesos de lirismo. No por el lirismo enfermizo de Adenauer, que impele a la persona a encerrarse en su habitación. Churchill, en los momentos líricos, hacía lirismo para los demás y podría dar palmadas en la espalda de los que le rodeaban porque era bonachón y muy expansivo. Tenía un espíritu tan grande que podría compararse con una mesa puesta para todos en cualquier momento, con todo tipo de delicias. Servía banquetes espirituales, banquetes intelectuales, siendo su mesa, en principio, abierta a todos. Podría igualmente rechazar algunos y cuando dijese no, era un no que, casi se diría, excluiría del universo a la persona. Sin embargo, se nota en las fotos de Churchill algo por lo cual era pequeño. Se sentía desproporcionado a su tamaño. Ese fue el drama de Churchill. Es un hombre pequeño en proporción con su propio gigantismo. Y que, en horas de derrota, sufría postraciones horribles. Porque necesitaría haber correspondido a la gracia de Dios para alcanzar el tamaño de sí mismo. Como no correspondió a la gracia, se quedó pequeño para sí mismo. Si hubiese correspondido a la gracia divina habría sido uno de los mayores hombres registrados en la Historia.