jueves, 20 de enero de 2022

FRATERNITÉ


FRATERNITÉ – 21/01/2022

De las atrocidades cometidas por los republicanos en La Vandée da cuenta la denuncia de un oficial de policía, Gannet, sobre lo que vio cometer al general Amey, que mandaba la división con sede en Mortagne. Una vez más, la denuncia no es moral, sino política: “Sencillamente, Amey, en absoluta orgía asesina, está matando también a partidarios de la Revolución Francesa”.

He aquí el impresionante testimonio de Gannet: “Amey hace encender los hornos y cuando están bien calientes mete en ellos a las mujeres y los niños. Le hemos hecho amonestaciones, nos ha respondido que era así como la República quería cocer su pan. Primeramente, se ha condenado a este género de muerte a las mujeres bandidas, y no hemos dicho demasiado, pero hoy los gritos de esas miserables han divertido tanto a los soldados y a Turreau que han querido continuar esos placeres. Faltando las hembras de los realistas, se han dirigido a las esposas de verdaderos patriotas. Ya veintitrés, que sepamos, han sufrido este horrible suplicio y no eran culpables más que de adorar a la nación. Hemos querido interponer nuestra autoridad, pero los soldados nos han amenazado con la misma suerte”.

Aquellas fuerzas revolucionarias, uniformadas, al mando de generales que luego destacarían bajo Napoleón, debidamente respaldadas por el Comité de Salud Pública, fueron denominadas “columnas infernales”.

El capitán Dupuy, del batallón de la Libertad, escribe así a su hermana: “Por todas partes donde pasamos, llevamos la llama y la muerte. La edad, el sexo, nada es respetado. Un voluntario mató, con sus propias manos, a tres mujeres. Es atroz, pero la salvación de la República lo exige imperiosamente. No hemos visto un solo individuo sin fusilarle. Por todas partes la tierra está cubierta de cadáveres”.

El cirujano Thomas describe escenas horrorosas: “He visto quemar vivos a hombres y mujeres. He visto ciento cincuenta soldados maltratar y violar mujeres, chicas de catorce y quince años, masacrarlas después y lanzarse de bayoneta en bayoneta tiernos niños que habían quedado al lado de su madre sobre las baldosas”.

Los cadáveres de los vandeanos servían incluso para grasa. De nuevo una confesión, en este caso de uno de los soldados del general Crouzat, que el 5 de abril de 1794 quemaron a 150 mujeres: “Hicimos agujeros en la tierra a fin de recibir lo que caía, habíamos puesto barras de hierro y colocado a las mujeres encima. Envié diez barriles a Nantes. Era como la grasa de momia que servía para los hospitales”.

Todo este aporte documental, se hallaba virgen hasta 1985 porque nadie se atrevía a desmentir la versión oficial hasta que Reynald Secher lo hizo, forma parte del libro La guerra de la Vendée de Alberto Bárcena.

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