domingo, 5 de diciembre de 2021

HOLANDA


HOLANDA - 06/12/2021

El reino de Holanda decidió lavar su imagen para aliviar a Ámsterdam de los visitantes que buscan ocio nocturno y lograr en cambio inversiones en el resto de su territorio. Se difundirán la cultura, las normas y los valores holandeses, que no son los actuales estereotipos de drogas y prostitución regulada, y junto a ellos se impulsarán las exportaciones y las inversiones en la tierra de los tulipanes, los molinos de viento y las bicicletas. El turismo masivo, ruidoso, sucio e irrespetuoso con los vecinos ha expulsado de la capital a los oriundos de ella. Circular en bicicleta se les hace imposible entre turistas que consideran esto una atracción turística y no el medio de transporte con el que los residentes llevan a sus hijos a la escuela, van a trabajar o incluso cargan las bolsas de la compra con una mano, mientras intentan esquivar a la muchedumbre de turistas perdidos entre pedales y timbres. El turismo es bueno para la ciudad, pero cuando excede los límites es contraproducente y hace más daño de lo que beneficia. Ya no se construirán nuevos hoteles, ni tampoco se darán más permisos a tiendas de quesos o recuerdos, locales que un lugareño jamás pisaría y que cambian la esencia de la ciudad. Beber alcohol, orinar o gritar en la calle son ahora delitos y podrán costar al infractor una multa económica, o incluso una noche en los calabozos.

Por otra parte, la ley de ayuda al suicidio está haciendo que muchos ancianos teman que los maten en los hospitales. El éxodo de ancianos y enfermos comenzó en 2002, pero se ha intensificado últimamente con miles que cruzan la frontera rumbo a Alemania. Desconfían profundamente de sus médicos, del servicio de salud holandés e incluso de sus familiares, y huyen solos o en grupos para ponerse a salvo de la eutanasia. Fallecen 4.000 personas al año por "muerte legalmente provocada". La ley que lo permite entró en vigor el 2002 pero esta práctica venía realizándose, sin persecución judicial, en los servicios de salud desde principios de los años 90. La alarma se disparó con un reciente estudio de la Universidad alemana de Gottingen que analizó 7.000 casos de eutanasia en el país vecino y encontró que los médicos y familiares parecen disponer de la vida de sus ancianos y enfermos. Según los investigadores, 41 por ciento de estas muertes por eutanasia fueron "legitimadas" por el deseo de los familiares de acabar con el sufrimiento del paciente y lo que es peor, el 11 por ciento de estos casos el enfermo se hallaba consciente y estaba en condiciones de tomar una decisión, pero nunca se le preguntó si quería morir o no. Con estos antecedentes es natural que el miedo se haya apoderado de los ancianos, que escapan de una muerte "anticipada" y buscan ahora refugio en los asilos de poblaciones alemanas cercanas. El estudio concluyó que el 60 por ciento de las muertes por ese procedimiento tuvieron como razón fundamental la falta de expectativas para la recuperación del enfermo, pero el dato más preocupante es que uno de cada tres casos de "muerte asistida" obedeció a "la incapacidad de los familiares para continuar en esa situación hasta el final". La norma vigente fue más lejos de lo que muchos preveían al permitir a los menores optar por la eutanasia a partir de los 16 años sin el consentimiento de sus padres.

elmundo.es y religiónlavozlibre.com