miércoles, 20 de octubre de 2021

ESCOFET

ESCOFET – 21/10/2021

Miriam Escofet nació en Barcelona en 1967 pero con tan solo 12 años se mudó con su familia a Inglaterra, donde se graduó en Diseño por la Escuela de Arte de Brighton. Ha exhibido en galerías del Reino Unido y en países de toda Europa, como Francia, Italia o España. En 2018 se llevó el galardón BP Portrait Award, el concurso de retratos más prestigioso del mundo, por la obra Un ángel en mi mesa, en el que retrató a su madre y fue el motivo por el que la Oficina de Asuntos Exteriores la eligió para pintar a la reina Isabel II como tributo al duradero servicio de Su Majestad.

Retratar a la reina ha sido un honor que nunca en su vida se lo pudo imaginar. Pintar un retrato es un proceso muy íntimo durante el que se crea un vínculo entre el artista y el personaje que se pinta. La reina estaba feliz y sonreía ampliamente al ver el retrato.

Al conocerle por primera vez, le sorprendieron varias cualidades. En primer lugar, su resplandor, pero también su agudeza, su sencillez, su humor y su calidez. Y este era el mayor reto a la hora de pintar la cara más conocida del mundo. Quería representar a esa persona privada que hay detrás de la cara icónica.

Una obra de arte cargada de simbolismos, para la que ha empleado siete meses y dos sesiones con la jefa del Estado británico a sus 94 años. La primera toma de contacto tuvo lugar en el Castillo de Windsor en julio de 2019, aunque ya había visitado la residencia anteriormente para hacerse una idea de la composición del lugar y decidir qué elementos incluir en el retrato. La segunda se produjo en el Palacio de Buckingham y se centró en captar las expresiones faciales.

Tiene mucha experiencia en ser retratada y se amolda completamente a lo que el artista requiere. Por supuesto, hay una cierta precaución y reserva por su parte, lo que es lógico, pero también intenta crear un ambiente distendido y se puede conversar con ella sin dificultad.

Los meses de confinamiento por el ataque bacteriológico le han servido para estar totalmente centrada en este proyecto sin distracciones externas. Siguió su técnica de siempre, empezando a pintar el fondo y elementos clave que forman el espacio pictórico.

Cada detalle nos da información sobre la protagonista, elaborado con una técnica lenta y laboriosa, donde la luz y la profundidad tiene especial relevancia. Un ejemplo de esos elementos que definen la personalidad de Isabel II son las flores que es una alegoría muy sutil del tiempo y hace referencia a su largo reinado. El vestido lo escogió ella atendiendo principalmente al color, que complementa los tonos dorados de la silla. Además, el tejido tenía una textura muy interesante. Le encanta pintar texturas y materiales. Detrás de la monarca aparece parte del retrato de la Reina Charlotte con su perro, mostrando así la pasión de su majestad por los perros que en las pinturas simbolizan fe y lealtad, atributos también de la reina.

Considera que haber vivido en Inglaterra ha sido fundamental para su desarrollo profesional y Londres uno de los centros de arte más importantes del mundo.

Cuando le preguntan si se ve retratando a los reyes de España responde que sería fabuloso hacer una versión moderna de Las Meninas.

rtve.es